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Full text of "La misión diplomática de Michelena en la Gran Bretaña"

2325 

.674 

VA 



LA MISIÓN DIPLOMÁTICA DE 
MICHELENA EN LA GRAN BRETAÑA 



VENEZUELA. MINISTERIO DE 
RELACIONES EXTERIORES 




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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/lamisindiplomticOOmich 



u iiiiijt iiruiiTiü 



D E 



MICHELENA 



EN LA 



GRAN BRETAÑA 



CAEAOAS 

Tip. de "El Tiempo." 

1894 



I<a >ti0ión Diplomática de ^iclieíena en la 
<íían Bretaña 



Contiene la Memoria de Relaciones Exte- 
riores C Libro Amarillo ), presentada al Con- 
greso en este año de 1894, varios de los 
documentos correspondientes á la misi>'n di- 
plomática desempeñada en el año pasado de 
1893 cerca del gobierno británico ; y si bien 
es cierto que no se ha incluido en dicha Me- 
moria- todo lo que fué ejecutado por aquélla, 
—incidencias que son reservadas por nuestra 
Cancillería, — así como también varios trabajos 
relacionados con las Legaciones Hispano Ame- 
ricanas, y otras, interesadas en la justiciera 
solución del conflicto subsistente con el Gabi- 
nete inglés, consideramos necesario y útil, hacer 
lo más extensamente posible el conocimien- 
to de esos documentos, ( * ) así como agregar 
también algo más pertinente á la misión, por 



(*) Ha publieado El Tiempo lo que contiene la 
Memoria. 



razón de las intrigas antipatrióticas y de la 
mala fe puestas en juego, para que aquella no 
fuera encomendada y luego ejercida por quien 
fué honrado para tan alto puesto : á causa tam- 
bién de la crítica calumniosa y torpe que hizo 
el incalificable Andueza Palacio, en hojas que 
hacía imprimir en París ; y en razón asimismo 
de las invenciones absurdas y de las invecti- 
vas bastardas de una prensa amarilla que se ha 
visto circular en esta capital, á ciencia y pa- 
ciencia de la dign'dad de la República y al 
XH'etexto de una libertad falsa, mal entendida 
y deprimente, para servir de guía á nuestra 
sociedad civil y política. 

Nos hemos abstenido de toda contestación, 
en espera de la publicación oficial de los docu- 
mentos ; y aunque parece natural que nuestro 
desprecio á aquellas miserias, — engendradas por 
viles pasiones y vergonzosos intereses, — bastara 
como respuesta, contentándonos con lo conteni- 
do en la referida Memoria y la aprobación 
obtenida por nuestra conducta, oficial, sin em- 
bargo, creemos que conviene que se lea por 
un número mayor de personas la narración 
de la verdad de lo sucedido, tanto más, cuanto 
que, terminada la misión y sin conocimiento 
de causa ó por malignidad sin excusa, se lan- 
zaron algunos á juzgar los hechos disparatada- 
mente, tergiversándolos á su antojo : allá en 
Europa, emitiendo falsedades un sugeto que 
aparece como respetable, puesto que lo con- 
sidera el señor doctor Lucio Pulido como diplo- 
mático, influyente y muy bien informado, quien 
dijo entre otras cosas : 

" " En efecto, el señor Michelena, que como periodista \ 
aconsejaba hacer la guerra d Inglaterra-, ó por lo menos 
cortar todo comercio con ella, se presentó muy conciliador. 
Si hubiera tenido el carácter de Ministro público, es indu- 
dable que la Reina, atendidos estos antecedentes, no lo habida 



— 5 — 

recibido ; pero él se presentaba como un extranjero dis- 
tinguido, que venía á explorar la situación de modo in- 
forme ; y la cosa no ofrecía así dificultades. No lo recibió 
Lord Bos'ebery, sino Sir T. R. Sanderson, Subsecretario 
encargado de estos asuntos ; y en una conferencia, por medio 
de intérprete, todo quedó de hecho concluido. P 

Y acá en Caracas, con fecha 9 de enero- 
último, otro que dijo en una hoja diaria, El 
Combate, á vuelta de informes consideraciones, 
lo siguiente : • 

"Mientras tanto, nuestro inercia es completa; con- 
cretados los gobiernos á los asuntos de política interior, 
descuidan altamente lo que se roza con nuestro territorio, 
y apenas si proceden en tau vital cuestión mandando á 
algunas personas que vuelven como fueron, sin hacer gran 
cosa y sin resolver absolutamente nada en favor del conflicto. 

Y los gobiernos gastan el dinero inútilmente sos- 
teniendo los gastos de sus Agentes, mientras que éstos van 
y vuelven sin que siquiera se sepa qué hicieron, qué se les 
dijo, qué propusieron y en qué estado quedáronlas cosas. 

No negamos que no han faltado algunos hombres, que 
como el doctor Pulido, por ejemplo, se esmeraron y consiguieron 
siquiera la consideración de ser atendidos y llamados 
Á conferencias, pero también sabemos de otros Encarga- 
dos de Negocios que ni esto obtuvieron, pasando ver-- 
G-üenzas que recaen sobre la pobre patria." 

Como se ve, se dan la mano los informes 
del diplomático que.se decía muy bien impuesto 
de los asuntos del Foreign Office, á quien se 
refiere el señor doctor Pulido en una Corres- 
pondencia que publicó El Tiempo, en agosto del 
año pasado, y las afirmaciones que con la se- 
guridad del sabemos produjo otro en esta 
ciudad. 

En el curso de esta lectura se verán com- 
probadas las falsedades que se estamparon. 



Consideró el gobierno surgido de la cam- 
paña militar contra la obra criminal dé An- 
dueza Palacio, que debía de interpretar el 
reconocimiento público hacia la persoua del 



— 6 — 

redactor de El Radical, por haber éste contri- 
buido con la enseñanza liistórico-política y el 
severo análisis administrativo, en lircha des- 
igual y enardecida contra el funesto Sistema 
de gobiernos de absurda y escandalosa política y 
verdaderamente anti-liberales, á producir aque- 
lla hermosa cruzada de la insurrección nacio- 
nal, y en consecuencia, nos honró con el nom- 
bramiento de Enviado Extraordinario y Mi- 
nistro Plenipotenciario en España. 

Jamás hemos solicitado ejercer destinos 
públicos, y sí hemos negado nuestra aceptación 
á varios de alta categoría con que espontánea- 
mente se nos ha investido; y si en la ocasión 
dicha no aceptamos tampoco la misión que se 
nos confiaba, fué porque preferimos seguir pa- 
trióticamente cooperando en la prensa á la 
realización del pensamiento completamente re- 
formador que encarnó la Revolución. En esa 
ardua é infructuosa tarea nos encontró el nuevo 
nombramiento. 

Designado el señor Juan Bautista Dalla- 
costa para el desempeño de la misión en Lon- 
dres, fué consultado, y no "habiendo aceptado 
por razones puramente privadas, siendo la prin- 
cipal el delicado estado de su salud, insistieron 
los señores General Crespo y doctor Pietri, en 
colocar nuestra persona en un alto puesto pú- 
blico, y en consecuencia, fuimos nombrados 
en sustitución de aquel digno é ilustrado per- 
sonaje, con el doble carácter de Agente Con- 
fidencial y Enviado Extraordinario y Ministro 
Plenipotenciario. El mismo móvil que presidió 
para el nombramiento en España, sirvió para 
el de la Gran Bretaña; y en esta ocasión, 
tratándose de intentar algo en provecho de 
la patria, comprometida hondamente en la cues- 
tión de sus territorios usurpados, no considera- 



— 7 — 

naos natural ninguna excusa para no aceptar 
una misión, que si difícil, envolvía un gran- 
de y noble propósito. Además, nosotros veníamos 
tratando la materia en todas sus fases, por 
la prensa, desde 1885; la conocíamos en sus 
menores -detalles, y aunque ineptos, (palabra 
que nos aplica el incalificable,} podíamos y 
debíamos prestar nuestro humilde concurso di- 
plomático como un complemento al trabajo 
ejecutado. Cabía también una esperanza : la de 
alcanzar una victoria en el campo de las nego- 
ciaciones, que presentara un hermoso parale- 
lismo en oposición á los insignes despropósitos 
consumados anteriormente en la cuestión que 
se debate, por un eminente negociador, (expre- 
sión aplicada por Andueza Palacio á un per- 
sonaje á quien en largo espacio de años, rindió 
culto de ferviente é interesada adoración el 
autor de las pobres hojas que en París imprime 
en sus ratos de rico ocio.) 

Al aceptar tan honrosa misión, espontá- 
neamente ofrecida, sacrificamos voluntariamente 
los proventos de importancia que nos daba el 
favor del público, únicamente, por nuestros tra- 
bajos en JEl Radical. ¿ Habrían hecho otro 
tanto los que han tratado de injuriarnos de 
diversas maneras? 

Todo Venezuela dirá con nosotros : ¡ Im- 
posible ! 






El Grobierno de la Revolución tenía que 
atender en sus primeros pasos y de manera 
muy preferente á los asuntos exteriores, y en 
especial á solicitar un arreglo decoroso y de- 
finitivo con la Gran Bretaña, respecto á las 
varias materias pendientes entre ambos go- 
biernos, siendo la principal la cuestión de lí- 



— 8 — 

mites fronterizos, cuestión que por el statu 
quo de 1850 pudo haberse resuelto fácilmente, 
si no hubiera sido que, a consecuencia del in- 
digno espíritu de especulación reinante en las 
alturas del poder público, se dio pretexto al 
Gabinete inglés para consumar las invasiones 
y el despojo, sobre nuestros territorios en 1884 
y 1885, apoyándose en las concesiones acor- 
dadas imprudentemente á una Compañía in- 
dustrial norte-americana. La consecuencia 
inmediata de aquellos actos de violencia, co- 
metidos en los momentos en que figuraba en 
Londres como representante diplomático de 
Venezuela el general Antonio Gruzmán Blan- 
co, — quien impasible no protestó debidamen- 
te, — [*] fué como una especie de represalia 



[*] "Xnest.ro conflicto con la Gran Bretaña princi 
pió, propiamente hablando, en 1884. Encontrábase á la 
sazón en Europa el señor general Antonio Guzrnán Blan- 
co, investido con el alto carácter de Enviado Extraor 
dinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela ante 
la mayor parte de las Cortes de Europa. Y en presen- 
cia de nuestro Enviado Extraordinario, el Gobierno in- 
glés da órdenes al Gobernador de Demerara para que 
ocupe nuestro territorio. 

»Y qué cree el ciudadano Presidente que hizo nues- 
tro Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ? 
Pues calla, y alegando pretextos fútiles, cuales son : la 
espera de un expediente que no se había remitido de 
Venezuela y el "temor del malogro de ciertas negocia- 
ciones, no levanta la protesta que el caso reclamaba. Y 
.no solamente calló entonces, sino que continuó en si- 
lencio por espacio de dos años; y cuando rompió el 
silencio, ¿creéis que fué para formular siquiera extem- 
poráneamente una de esas protestas que dan honra has- 
ta al vencido? ~Nó ! fué para exponer simplemente que- 
jas que no vacilo en calificar de vergonzantes. Quedó 
pues ocupado parte de nuestro territorio." 

[Del Informe del Ministro de Relaciones Exteriores 
de Venezuola, señor Marco Antonio Saluzzo ante la Cá- 
mara de Diputados en la Sesión del día 7 de abril de 
1890.] Téase el Libro Amarillo de 1891. 



— 9 — . 

que se ejecutó en 1887 con la suspensión de 
las relaciones oficiales [obra del mismo Ghiz- 
inán, como Jefe del Ejecutivo. Nacional,] ac- 
to que no vino á producir otro . efecto que 
uno inverso, y hasta, juzgándolo con benevo- 
lencia, podría calificarse de ridículo, y fué el 
*de que apareciera solicitando la reanudación 
de las relaciones en Londres, con el carácter 
de Enviado Extraordinario y Ministro Pleni- 
potenciario, el mismo personaje que seis me- 
ses antes las había suspendido en un rapto de 
despecho como Jefe de la República. (*) 

Más después se ha procurado llegar á la 
• solución del conflicto, con el pensamiento dé 
alcanzar por un convenio preliminar el plan- 
teamiento de las bases de un tratado, y al 
efecto se han enviado á Inglaterra tres repre- 
sentantes de Venezuela: al doctor Modesto 
Urbaneja, al doctor Lucio Pulido, y al que 
suscribe. 

' Ninguno de dichos representantes obtuvo 
reparaciones al derecho de Venezuela. Al se- 
ñor doctor Urbaneja le fué presentado por el 
Subsecretario . Sanderson, á nombre de Lord 
Salisbury, un formulario sobre límites, de to- 
do punto inaceptable : al señor doctor Lucio 
Pulido, en sus gestiones con, el Subsecretario 
T.H. Sanderson, con quien se entendió, se le ofre- 
ció de igual modo el mismo expediente de 
pretensiones injustificadas; * [**] y al que sus- 
cribe, puso como condición sine qua non, Lord 
Rosebery, Primer Secretario de Estado 
en el Ministerio d& Relaciones Exterio- 
ras, los mismos términos de las propuestas 



(*) Libro Amarillo (1891) páginas 175 y Í76; 
[**] Libro Amarillo (1891) páginas 207, 209,210 y si- 
guientes. 



— 10 — 

inconciliables qne Lord Salisbury sometió á 
la consideración del doctor Urbaneja. 

Atribuíase por muchos, y nuestro gobier- 
no llegó á pensar lo misino, que la razón 
por la cual no habían dado resultados satis- 
factorios las misiones enviadas hasta 1891, era 
que la política internacional del partido con- 
servador de Inglaterra se inclinaba á la usur- 
pación de nuestros territorios, y se considera- 
ba de manera opuesta la del partido liberal. 
Creyó así el Gobierno que debían aprovecharse 
esas nobles tendencias que se suponían estar 
representadas por el señor dadstone y el Con- 
de de Rosebery, y en consecuencia se apresuró á 
enviar un nuevo representante. 

El resultado obtenido con las respuestas 
dadas por Lord Rosebery, es : que en mate- 
rias internacionales son solidarios los partidos 
de Inglaterra. 

Fuera . de la insulsa grita que levantó la pa- 
sión política de unos y los heridos intereses per- 
sonales de otros, contra el que bajaba volunta- 
riamente de la tribuna de JEl Radical para ir 
á defender en Londres los derechos patrios con 
honradez y con pleno conocimiento de la 
materia, el caballo de batalla de la intriga 
fué la pobre idea de que no seríamos recibidos 
por no ser gratos al gobierno británico, . á cau- 
sa de haber emitido por la prensa opiniones 
muy severas contra la Inglaterra. Agregaron 
que no seríamos gra tos, también; porque Labia-, 
mos demandado la suspensión de pago de los 
Bonos de la Deuda Exterior. Lo primero se 
fundaba en un hecho cierto, que nos honra, 
pero que el Foreign Office no lo pesa en sus 
deliberaciones; y lo segundo no es sino una de 



— 11 — 

tantas falsedades, que no emplean sino las perso- 
nas que no se estiman, ó mejor dicho, que se 
desprecian á sí mismo. Lo que nosotros ex-' 
pusimos fué : que no hubiera preferencias en 
los pagos, y menos con respecto á la Deuda 
exterior, postergando la interior. Además, con- 
siderando lo que constituye el crédito de un 
país, dijimos que no 'consistía precisamente en 
la alta cotización de sus valores en las Bolsas 
de Europa, sino que el verdadero crédito es- 
triba en la honradez administrativa, de la cual 
se deriva el bien común, el progreso general, 
y el respeto á que se hace acreedor un go- 
bierno por las demás naciones. 

Para los ignorantes y para los intrigan- 
tes á quienes arrastró la malignidad, hizo sus 
efectos la pobre invención, puesto que todavía, 
terminadas las gestiones diplomáticas hechas 
por Michelena ante el Primer Secretario 
de Estado db la GUian Bretaña, y no ante 
Subsecretarios, han seguido repitiendo ¡No fué 
recibido! 

En el momento en que consideramos opor- 
tuno, dirigimos al Primer Secretario de Es- 
tado en el Ministerio de Bel ación m Ex- 
teriores de la Gran Bretaña la nota que 
sigue : 

Londres : mayo 23 de 1893. 

Pr evita li Hotel 

Aruadell Street 

Piecadilly Circus 

Señor: 

El Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela 
animado del deseo de arreglar las diferencias pendien- 
tes con el Gobierno de S. M. Británica j de reanudar 
las interrumpidas relaciones diplomáticas entre ambos 



— 12 — 

países, se ha servido enviarme coa el carácter de Agen- 
te Confidencial con Pleno Poder ad hoc, para tratar con 
esta Honorable Cancillería sobre los medios que mejor 
conduzcan á la más pronta realización de aquellos fines. 

Tengo en consecuencia el honor de acompañar á Su 
Excelencia una copia del Pleno Poder - que me faculta 
para negociar sobre dichos puntos, y- ruego á Su Exce- 
lencia se sirva indicar el día y la hora en que pueda 
tener el honor de ser recibido, ó bien designar la perso 
na con quien deba iniciar las .negociaciones. 

Aprovecho esta primera ocasión para presentar á Su 
Excelencia las seguridades de la muy distinguida consi- 
deración con que tengo el honor de suscribirme. 

De Su Excelencia muy obediente servidor, 

Tomás Michelena. 

A su Excelencia Lord Eosebery, Primer Secretario de Estado en el 
Ministerio de Kelaciones Exteriores de Su Magestad Británica. 

Entregada esa nota en el Foreign Office al 
medio día del 23 de mayo, fué contestada al 
día siguiente 24, recibiéndose la respuesta que 
sigue á las 9 p. m. 

Foreign Office. — 24 de mayo de 1893. 

El conde de Eosebery presenta sus cumplimientos 
al señor Tomás Michelena, y en contestación á su nota 
de la fecha de ayer, tiene el honor de informarle que 
tendrá mucho gusto en verle á las 3 p. m. mañana jueves. 

. Estaba vencida la grave dificultad presu- 
mida por el interés patriótico de unos intri- 
gantes : ¡ Eramos gratos al gobierno británico.. 
Efectuada la audiencia, notificamos el hecho 
á nuestro gobierno, conforme al oficio que sigue: 

Londres, Mayo 26 de 1893. 

Agencia Confidencial 
de la Kepública de Venezuela. 
Hotel Previtali. 
Arnndell Street. 

Señor Ministro : 

Tengo la satisfacción de poder anunciar á usted que, 
solicitada una audiencia de Lord Eosebery, como lo par- 
ticipé á usted en mi anterior comunicación, obtuve una 



— 13 — 

respuesta enteramente satisfactoria, en el término de 24 
horas, fijando las 3 de la tarde de ayer para la entre- 
vista, cuya contestación acompaño á usted original. 

Asistí á la hora señalada, en compañía del señor 
doctor Paúl, como Secretario, y fuimos recibidos por 
Lord Rosebery con toda cortesía y cordialidad. Impuesto 
el primer Secretario del objeto de mi misión, expuso que 
de igual manera deseaba el gobierno de S. M. Británica 
llegar á un arreglo amistoso con el gobierno de Veuezuela 
y al restablecimiento de las relaciones oficiales: que con tal 
fin y por haber sido el gobierno británico el que dirigió 
últimamente una nota ó memorándum que no había sido 
aún contestado, esperaba que yo le dirigiese las nuevas 
bases que se propongan por parte .de Venezuela para 
el arreglo proyectado, con el fin de examinarlas, y que 
designaría entonces dos delegados con quienes prosegui- 
rían las negociaciones. 

Preguntado Lord Rosebery si el gobierno consideraba 
necesario la previa contestación de la última nota dirigida 
al señor doctor Pulido, en la inteligencia de que el deseo 
de Venezuela era iniciar estas negociaciones sin seguir el 
hilo de las interrumpidas en 1891, contestó que bastaba 
se le dirigieran las nuevas bases de arreglo que esté 
dispuesto á proponer el gobierno de Venezuela para 
iniciar el debate, lo que ofrecí hacer á la mayor bre- 
vedad, y con lo cual termiuó esta grata entrevista. 

Por la copia del Pro Memoria que acompaño, se 
impondrá usted de las bases que he juzgado más con- 
veniente proponer á la consideración de Lord Rosebery 
para iniciar las negociaciones, y espero que usted las 
encontrará de conformidad con mis instrucciones, é inspi- 
radas en las fórmulas que pueden presentarse á este 
gobierno como más adecuadas para avanzar en el camino 
de un arreglo. 

Quedo esperando las nuevas comunicaciones del Fo- 
reign Office de que daré á usted cuenta oportunamente. 

Con toda consideración me es muy grato repetirme 
de usted señor Ministro, 

* Muy atento seguro servidor, 

[firmado]— Tomas Michelena.. 

Al señor Ministro de Relaciones Exteriores de Veuezuela. 

Caracas. 

Couio se vé, quedó zanjada una dificultad 
notoria, evitándose la contestación que dejó 
pendiente el señor doctor Lucio Pulido, con- 



— 14 — 

testación que pudiera haber sido causa á estor- 
bar la iniciación de las negociaciones. 

Incontinenti, dirigimos la nota que sigue 
y las bases de un convenio. 

Londres, mayo 26 de 1893. 

Agencia Confidencial 
de la Eepública de Venezuela. 
Previtali Hotel. 
Arundell Street. 

Señor Conde : 

De conformidad con el deseo que se sirvió expre- 
sarme Su Excelencia en la entrevista que tuve la honra 
de celebrar con S. E. en el día de ayer, tengo el honor 
de acompañar un Pro Memoria conteniendo las Bases 
que en nombre del Gobierno de Venezuela someto á la 
consideración de S. E. para llegar á un acuerdo sobre 
las diferencias que existen entre ambos países y al resta- 
blecimiento de las interrumpidas relaciones diplomáticas. 

Abrigo la confianza de que S. E. verá en las Bases 
propuestas en el Pro Memoria, una prueba cierta de que 
el Gobierno actual de Venezuela desea, en cuanto lo 
permite su responsabilidad legal, ofrecer al de S. M. 
Británica los medios más amigables y cónsonos con las 
prácticas internacionales^ para poner término á una situa- 
ción que embaraza las activas y francas relaciones que 
conviene subsistan entre ambos países. 

A la vez me ha sido muy grato haber oído manifestar 
á V. E. que iguales deseos auiman al gobierno de S. M. 
Británica, por lo que creo que en esta ocasión no serán 
infructuosas las gestiones que ahora se inician con los 
fines ya expresados. 

Con toda consideración tengo el honor de suscribir- 
me de S. E. muy obediente servidor . 

| Firmado]— Tomás Michelena. 

A S. E. Lord Eosebery, Primer Secretario de Estado $n el Minis- 
terio de Eelaciones Exteriores de S. M. Británica. 

PEO MEMORIA 

Bases para la celebración de un convenio preliminar 
entre los gobiernos de S. M. Británica y de los Estados 
Unidos de Venezuela, con el fin de restablecer las rela- 
ciones diplomáticas y de arreglar amistosamente las diver- 
sas cuestiones pendientes. 



— 15 — 

I a Primera. — El Gobierno de la Gran Bretaña recla- 
mando ciertos territorios en la Guayaua, como sucesora 
de los derechos de los Países Bajos, y el Gobierno de 
Venezuela reclaruaudo una porción de los mismos terre- 
nos, como heredera de España, animados de disposicio- 
nes amigables y deseando poner termino á las diferen- 
cias suscitadas en este asunto, respetando cada cual 
los títulos que comprueben las respectivas jurisdicción y 
propiedad sobre los territorios en discusión, convienen 
y estipulan que, restablecidas que sean las relaciones 
oficiales entre ambos países, previa la ratificación de este 
conveuio prelimiuar por sus respectivos Gobiernos, se 
nombrará por cada parte une ó más Delegados, con ple- 
nas facultades para la celebración de un tratado de lími- 
tes, basado en el exameu concienzudo y detenido que ellos 
hagan de los documentos, títulos y antecedeutes que legi- 
timen las respectivas pretensiones, siendo además conve- 
nido que la decisión de los puntos dudosos ó demarcacio 
nes de una línea* fronteriza, en que no pudiesen llegar 
á acordarse los Delegados nombrados, se someterán á la 
decisión definitiva é inapelable de un arbitro juris, que 
será nombrado, llegado el caso, de común acuerdo, por 
uno y otro Gobierno. 

2 a Segunda. — El Gobierno de Venezuela, con la mira de 
restablecer bajo un pie de la mayor cordialidad las rela- 
ciones con el Gobierno de S. M. Británica, procederá á la 
celebración de un nuevo tratado de comercio, derogando 
el impuesto adicional de 30 pg, y reemplazándolo con 
otro de duración defiuida, cual el propuesto por Lord Gran 
ville en 1884. 

3 a Tercera. — Las reclamaciones á que tengan derecho 
los subditos de S. M. Británica y los ciudadanos de la 
República de Venezuela, contra uno y otro Gobierno, se- 
ráu mateiia del examen de una Comisión nombrada ad hoc, 
conviniendo en ello Venezuela, en este cuso especia!, pues 
está atribuido el juicio y sentencia de reclamaciones ex- 
tranjeras, por Decreto de la República, á la Alta Corte 
Federa!; y se consignará, por tanto, que para reclama- 
ciones luturas se acepta por parte de la Grau Bretaña 
aquella disposición. 

4 a Cuarta. — Se hará constar en el convenio preliminar 
que tanto el Gobierno de S. M. Británica como el de Ve- 
nezuela, reconocen y declaran como statu quo de la cues 
tión límites, el que existía en el año de 1850, cuan- 
do el Honorable Sir Wilson, Encargado de negocios de 
Inglaterra en Caracas, hizo la declaración formal en nom- 
bre y de orden expresa del Gobierno de S. M. Británica, 



._ 16 — 

de que uo se ocuparía ninguna parte del territorio en 
disputa, exigiendo la misma declaratoria de parte del 
Gobierno de Venezuela, como fné obtenida. Este statu 
quo se mantendrá hasta la celebración del tratado de 
límites que se menciona en la Base I a . 

5 a Quint't. — El convenio que se formule sobre las bases 
aquí propuestas y que será firmado por el Agente (Con- 
fidencial de Venezuela, en uso de los poderes de que está 
investido, y por la persona debidamente autorizada por 
el Gobierno de S. M. Británica, será también inmedia- 
mente sometido á la ratificación directa de ambos go 
biernos, y, efectuado el canje, quedarán ipso /acto res 
tablecidas las relaciones diplomáticas entre ambos países- 
Londres, mayo 26 de 1893. 



' Foreign Office.— M.ayo 31 de 1893. 
Señor : 

He tenido el honor de recibir su nota del 20 de 
los corrientes, incluyendo un Memorándum de las bases 
sobre las cuales el Gobierno de Venezuela está dispuesto 
á tratar para un arreglo de las diferencias que existeu 
entre ambos países y para el restablecimiento de las rela- 
ciones diplomáticas. 

Me apresuro á manifestar á usted que esas proposi 
ciones recibirán pronta y atenta consideración del Go- 
bierno de S. Majestad. 

Tengo el honor de ser, señor, su obediente y humilde 
servidor, 



Señor Tomás Michelena, 

&, &, &, 



KüSEBERY. 



Previtali Hotel.— Arundell Street. 



Ministerio de Relaciones Exteriores de 
los Estados Unidos de Venezuela. 
D. P. E.— Nímaero808. 

Caracas : 24 de junio de 1893. 

Señor : 

Por la comunicación de usted del 26 de mayo se 
ha enterado el Poder Ejecutivo con señalada compla- 
cencia de la primera conferencia habida entre usted, como 
Agente especial de Venezuela, y el Excelentísimo señor 
Eosebery, Primer Secretario de Estado de Su Magestad 
Británica. 



— 17 — 

De las palabras emitidas en la conversación por el 
alto funcionario inglés, resumidas en la nota di* usteu 
á este Ministerio, lo mismo que de la respuesta que 
dio á usted respecto del ú.timo Memorándum pasado al 
doctor Lucio Pulido en 1891, puede fácilmente iüteritse 
que el Gobierno de Su Majestad se aviene á prescin- 
dir por completo de lo tratado entonces y á iniciar las 
negociaciones conforme á un criterio, si no de! todo ex- 
traño al que dominó en aquella ocasión al representan- 
te del Foteign Office, á lo menos más amplio y cónsono 
con las circunstancias ó condiciones en que aspira á 
ventilar el asunto Veuezuela. 

A la par de la nota original de Lord Rosebery en 
que se determinó día y hora para la conferencia, se 
sirvió usted acompañar á su comunicación copia del ofi- 
cio que pasó el mismo día 26 al Jefe del Foreign Office 
y de las bases que al propio tiempo le remitió para la 
celebración de un convenio preliminar. Ajustadas éstas 
al pensamiento del Poder Ejecutivo de Venezuela, nada en 
ellas puede objetarse; y sólo es de sentirse que, dada la 
impottaucia de la materia, no se sepa hoy todavía ¡a res- 
puesta que haya merecido del Gobierno inglés el wi- 
portante Memorándum. Mucho encarezco á usred el uso 
del cabie para ¡a trasmisión, con la posible claridad y 
cada vez que su trascendencia lo requiera, de cualquier 
paso que se adelante en las negociaciones. 

Soy de usted mili atento servidor, 

P. Exeqtjiel Rojas. 

Al Señor Tomás Miclielena, Agente Confidencial de Venezuela en 
la Gran Bretaña. — Londres. 



Agencia Confidencial 
de Venezuela 

en la Gran Bretaña. 
Número 10. 



Señor Ministro: 



Londres, julio 28 de 1893. 



Se sirve ese Ministerio en su oficio del 21 del pasado 
mes, bajo el número 808, dar respuesta á la nota de 
esta Agencia Confidencial, fecha 26 de mayo, partici- 
pando al Gobierno déla República la conferencia tenida 
por el que suscribe con el señor Secretario de Estado 
2 



. — 18 — 

del Gobierno Britáuieo; — y al hacerlo así manifiesta que 
es cou señalada complacencia que el Poder Ejecutivo 
se ha enterado de ese primer paso habido. 

Tambieu se sirve acusar recibo de la nota original 
del señor conde de Rosebery, concediéndome audiencia; 
y de la copia de las Bases de un Convenio preliminar, 
que pasó esta Agencia al Foreign Office. Con relación 
á estas bases se sirve ese. Ministerio declarar que : " ajus- 
tadas éstas al pensamiento del Poder Ejecutivo de Ve- 
nezuela, nada en ellas puede objetarse." 

Nada más grato para el que suscribe, que ver así 
aprobados de manera solemne y terminante, sus proce 
dimientos en la difícil cuanto delicada materia puesta 
por el Gobierno bajo su dirección; y le es satisfactoria 
la declaración hecha por ese Ministerio en la nota á que 
se contesta, por ser ella concordante con las instruí; 
ciones recibidas. 

Reconocida así mi conducta, como encargado de ini- 
ciar arreglos políticos con el Gabinete de St. James, 
cualesquiera que llegue á ser el resultado final de las 
gestiones, me quedará por siempre la satisfacción de ha- 
ber llenado mis deberes, como también la honra de haber 
sido aprobados mis actos. 

Soy de usted atento servidor, 

Tomás Miohelena. 

Señor Ministro de Eelaciones Exteriores de Venezuela 

Caracas. 

Queda demostrado, pues, que fueron falsas las 
tristes aserciones por las cuales se ha querido ha- 
cer creer que no fuimos recibidos; y queda asi- 
mismo probado que no nos entendimos con em- 
pleados subalternos como lo es el ¡Subsecretario 
Sanderson, sino con el primer Secretario de 
Estado en el Ministerio de Relaciones Exterio- 
res, Lord Rosebery. 



He aquí la contestación del Foreing Office, 
al Pro Memoria: 



— 19 — 

Sello.— Ministerio del Exterior. 

3 de julio de 1893. 
Señor: 

El Gobierno de Su Majestad ha examinado cuida- 
dosamente las proposiciones hechas por usted en su me- 
morándum de 26 de mayo, para el arreglo de las diver- 
sas cuestiones que existen entre el Gobierno de Vene- 
zuela y el de Su Majestad. 

Lamas importante de esas cuestiones, en la opinión 
del Gobierno de Su Majestad, es la de límites entre 
Venezuela y la colonia Británica de Guayan a; y creo que 
tiendo á simplificar la discusión si en esta nota me refie- 
ro sólo á ese punto, absteniéndome de ofrecer, por el mo- 
mento, ninguna observación sobre las proposiciones con- 
tenidas en las cláusulas 2, 3 y 5 del Memorándum. Debo, 
en primer lugar, significar que, á pesar de que las pre- 
sentes proposiciones del Gobierno Venezolano admiten la 
posibilidad de arreglar la cuestión límites por Tratado, 
el hecho de envolver también referencia al arbitraje en 
caso de diferencia entre los delegados de los dos Go- 
biernos, encargados de la negociación de ese Tratado, 
prácticamente lo reduce á la forma en que ha sido repe- 
tidas veces rechazado por el Gobierno de Su Magestad; 
es decir: la referencia al arbitraje de una reclamación 
hecha por Venezuela á una gran porción de una Colonia 
Británica desde hace tiempo establecida. 

El Gobierno de Su Majestad considera, por consiguien- 
te, que la cláusula primera del Memorándum puede ser 
aceptada solamente bajo ¡as condiciones especificadas en 
el Memorándum comunicado al señor Urbaneja por Sir 
T. H. Sanderson, en nota del 19 de marzo de 1890. Pro 
pondría que la primera cláusula de su Memorándum se 
corrigiese de la manera indicada por las adiciones escri- 
tas con tinta roja en la copia que le incluyo. 

Cuanto á la cláusula cuarta del Memorándum, en 
la que se propone que ambos Gobiernos, el de Su Ma- 
jestad y el de Venezuela, reconocerán y declararán que 
el statu quo de la cuestión límites es el que existía en 
•1850, el Gobierno de Su Majestad considera que le es en- 
teramente imposible consentir en retroceder al statu quo 
de 1850 y evacuarlo que ha constituido por algunos años 
una parte integrante de la Guayana Británica. Deplo- 
ra, desde luego, no poder aceptar esta proposición. 

La declaración hecha al Gobierno Venezolano en el 
año de 1850 por Sir Belford Wilson, el Encargado de 
Negocios Británicos, fué como sigue: que "mientras por 



— 20 — 

una parte, la Gran Bretaña no tenía intención do ocu- 
par ó usurparse el territorio disputado, no podía, por la 
otra, ver con indiferencia agresiones hechas por Vene- 
zuela en ese territorio." El arreglo sobre estas bases 
fué interrumpido por Venezuela en distintas sucesivas 
ocasiones, con anterioridad á ningún intento de parte del 
Gobierno de Su Majestad de ejercer jurisdicción en los 
distritos en cuestión. Eq el mismo año de 1850 en que 
la declaración fué hecha, el Gobierno Venezolano prin- 
cipió á establecer nuevas posiciones al Este de Tumeremo, 
y en 1858 fundó la ciudad de Nueva Providencia, en la 
margen sur del río Yuruary. Otra vez, en 1876, licen- 
cias fueron concedidas por el Gobierno de Venezuela pa- 
ra traficar y cortar maderas en el distrito Barimay hacia 
el Este de ese Distrito. Eu 1881 el Gobierno venezo- 
no dio un privilegio de gran parte del territorio dispu- 
tado, al general Pulgar; y en 1884 Imo concesiones á la 
Compañía Mauoa y otras, á las que siguieron los actuales 
intentos de arreglo de territorio. 

En contraste con este procedimiento, la actitud del 
Gobierno Británico se hacía notar por su prudencia y 
grandes deseos de efectuar el arreglo con bueua fe. En 
prueba de esta disposición debo mencionar que cuando 
en 1881 se le exigió una concesión eu el territorio en 
disputa, se negó rotundamente á aceptar las proposicio- 
nes hechas por ciertos peticionarios, alegando para ello 
que las negociaciones seguían su curso con Venezuela; 
y no fué sino hasta que las usurpaciones de la Compañía 
Manoa principiaron á interrumpir la paz y el buen orden 
de la Colonia, cuando el Gobierno de Su Majestad deci- 
dió que una ocupación efectiva del territorio no podía 
retardarse más, y tomó medidas para afirmar pública- 
mente lo que creía incontestables derechos de la Gran 
Bretaña. Estos derechos no pueden ser abandonados, 
y el Gobierno Británico no consentirá que otro statu quo 
que el que actualmente existe quede en fuerza durante 
el progreso de las negociaciones. 

Me sería satisfactorio saber que usted está en capa- 
cidad de aceptar esas modificaciones á sus proposiciones, 
porque sería objeto de sincera satisfacción al Gobierno 
de Su Majestad, ver que hay un prospecto fácil para 
el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre 
ambos países. 

Soy, señor, su muy obediente, humilde servidor, 

BOSEBERY. 

Señor Tomás Miclielena 



— 21 — 

{Sello) 

[Modificación á la primera cláusula] 

"Por cuanto el Gobierno de la Gran Bretaña recla- 
ma cierto territorio en Guayana, como sacesora en título 
de los Países Bajos, y el Gobierno de Venezuela reclama 
el mismo territorio, como heredera de España; ambos 
Gobiernos inspirados por amistosas intenciones y deseo- 
sos de poner uu tin á las diferencias que se han suscitado 
en este asunto, y deseando ambos Gobiernos dar su respec- 
tivo valor á los títulos alegados porcada uno para probar 
su jurisdicción y derechos de propiedad sobre el territorio 
en cuestión, convieueu y estipulan que, tan pronto como ias 
relaciones oficiales se restablezcan entre los dos países 
y después de la rectificación del presente convenio preli- 
minar, por ambos Gobiernos, uno ó más Delegados se- 
rán nombrados por cada parte con plenos poderes para 
concluir un Tratado Fronterizo, fundado en un examen 
concienzudo y completo, hecho por los Delegados á los 
documentos, títulos y antecedentes que apoyen los recla- 
mos de cada parte, conviniendo que el dicho territorio 
en disputa se encuentra al Oeste de la linea puesta en él 
mapa enviado al Gobierno de Venezuela el 19 de marzo de 
1890, y al Este de una línea que se marcará en el mismo 
mapa, corriendo desde él nacimiento del río Cumano, siguien- 
do hacia abajo su corriente y hacia arriba el Aima, á lo 
largo de la sierra Usupamo, y que la decisión de los pun- 
tos dudosos y el delineamiento de las fronteras, si los De- 
legados no pudiesen llegar á un arreglo, serán someti- 
dos á la decisión final, de la que no habrá apelación, 
de un Arbitro jurídico, que será designado, si el caso se 
presenta, de común acuerdo entre los dos Gobiernos." 

NOTA: — Loque va subrayado es lo que está en el 
original con tinta roja, modificación á que se refiere Lord 
Rosebery. 

[Todo copia fiel.] 

Tomás Michelena. 



Agencia Confidencial 

de Venezuela 
en la Gran Bretaña, 

Londres, julio 31 de 1893. 
Señor Conde: 

Cousiderada detenidamente la exposición hecha por 
S. E. el señor Conde de Eosebery en nota del 3 del presente 



— 22 — 

mes, contestando á las proposiciones de Bases para un 
convenio, presentadas por el suscrito en 26 de mayo úl- 
timo, pasa esta Agencia Confidencial de la República 
de Venezuela, con poderes suficientes para el caso, á ha 
cer las observaciones que le sugieren las terminantes de- 
claraciones que contiene la supradicha nota, así como so 
bre todo aquello que aparece con el carácter de cargos 
hechos á la conducta observada por Veuezuela en la de- 
batida cuestión de limites fronterizos entre la Colonia 
de Demeraray el territorio de la República de Veuezuela. 

Comienza el Foreigu Office por declarar que : u la 
más importante de las cuestiones pendientes entre la Gran 
Bretaña y Venezuela, eu la opinión del Gobierno de S. 
M., es la de límites entre ambos países; agrega que, 
para simplificar la discusión, se refiere S. E. en la nota 
citada únicamente á la expresada cuestión, absteniéndose 
de ofrecer, por el momento, niuguua observación sobre las 
proposiciones contenidas en las cláusulas 2, 3 y 5 del Me 
morandum de 26 de mayo último." 

Significa esta declaración que, en el supuesto caso 
de que pudieran llegar á ser admisibles las observado 
nes referentes á los limites, quedarían todavía sin ser 
consideradas las cláusulas apuntadas; pero como aqué 
lias referentes á los límites, destruyen por completo las 
Bases del couvenio, realmente parece inútil que S. E. 
considere el carácter y la tendencia de esas cláusulas ; 
pero así no se facilita la discusión, sino todo lo contra- 
rio : se procura cortarla eu absoluto. 

Fué en virtud de un propósito saludable, de un de- 
seo sincero de conciliación para llegar á un avenimien 
to eu todos los puntos controvertibles, por conveniencia 
mutua para ambos países, que el que suscribe dejó á 
un lado el trillado camino de una discusión de derechos 
sobre territorios, y la interminable fórmula adoptada y 
seguida hasta el presente para tratar la materia ; tales 
propósitos le hicieron concebir la posibilidad de arreglar 
la cuestión límites por un Tratado, envolviendo la refe- 
rencia al arbitraje eu caso de diferencias y dudas por 
parte de los Delegados que serían nombrados para tra- 
zar la línea fronteriza. 

Rechaza S. E. este pensamiento en estos términos: 
" la referencia al arbitraje de una reclamación hecha 
por Veuezuela á una gran porción de una Colonia Britá- 
nica desde hace tiempo establecida." 

Me permitirá el señor Secretario de Estado que le 
signifique mi extrañeza respecto á esa aseveración, que 
dista mucho de la verdad histórica y del carácter del 
debate que se ha ocasionado desde el año de 1841 á esta 



— 23 — 

parte. Lo que reclama Venezuela es la delimitaciónjusta 
y uatural de fronteras, sobre las cuales no hay nada aún 
definido eu derecho, y al efecto la exposición de los títu- 
los por ambas partes ante un Juez arbitral, paes esos 
derechos que alega la Gran Bretaña, considerándolos co- 
mo una porción integral de una de sus Colonias, no es- 
tán reconocidos por Venezuela. Si porque el G-obierno de 
_S. M. se considera con dominio sobre territorios que de 
antiguo venían siendo parte integrante de la República 
de Venezuela, y por lo cual ésta se los disputa, ese he- 
cho considerado así, no basta para que sea repudiada la 
intervención de un arbitro juris que juzgue y sentencie, 
conforme á los títulos y antecedentes, sobre el derecho 
de cada una de las dos Naciones á los territorios al £Tor 
te y Oeste de los ríos Moroco, Pomarón y Esequibo, y 
por lo tanto sin limitaciones arbitrarias á causa de pre- 
tericiones injustas de una de las partes. También con 
igual derecho podría alegar Venezuela que se limitase la 
extensión del juicio del arbitro en un sentido contrario, 
y no es de esta manera como sucede, puesto que el Go- 
bierno de la República nada limita, nada demanda injus- 
tamente, y nada retiene en materia de territorios por ocu- 
pación arbitraria, sino que somete á un Juez de derecho 
el examen de los títulos y se obliga á respetar la sen- 
tencia que determine lo que á cada país corresponde, al 
uno como heredero de España" y al otro como sucesor de 
los Países Bajos. 

Las condiciones puestas por S. B. como raodificacio 
nes de la primera cláusula, sea, las "especificadas en el 
memoraudum comunicado al señor Urbaneja por Sir T. 
H. Sanderson en nota de 19 de marzo de 1890," no 
pueden ser admisibles bajo ningúu respecto, porque ellas 
implican el reconocimiento por parte de Venezuela de 
las pretensiones de la Gran Bretaña á una grau parte 
del territorio que vieue siendo, desde hace muchos años, 
materia de controversia, y que es. precisamente, el fun- 
damento de la discusión respecto de la legitimidad de 
derechos de cada paite; y la determinante moditícación 
que presenta ahora el señor Conde de Rosebery en esta 
forma "propondría que la primera cláusula de su Me- 
morándum se corrigiera de la manera indicada por las 
adiciones escritas con tinta roja en la copia que le in- 
cluyo, sieudo esas adiciones las siguientes : que el dicho te- 
rritorio en disputa se encuentra al Oeste de la línea 
puesta en el mapa enviado al Gobierno de Venezuela el 19 de 
marzo de 1890, y al Este de una línea que se marcará en 
el mismo mapa, corriendo desde el nacimiento del río Cu- 
mano, siguiendo hacia abajo su corriente y hacia arriba el 



— 24 — 

Aima á lo largo de la Sierra Usupamof no puede tam- 
poco ser aceptada dicha modificación por las mismas ra- 
zones ya dichas. Ella, en suma, uo hace sino alterar la 
extrema pretensión del Gobierno de la Gran Bretaña, signi- 
ficada por el órgano de Sir T. H. Saudersou y á nombre del 
señor Marqués de Salisbury, y corregir eu parte la capricho 
sa línea que trazó el explorador Schomburgk, todo ello 
opuesto eu absoluto á otra demarcación que fué propuesta 
por el señor Conde Bosebery en 1886 y que reducía la pre- 
tensión bi ¡tánica á más estrechos limites. 

Pasa en seguida el Foreign Office, al considerar la 
cláusula cuarta de mi Memorándum, á impuguar la idea 
del statu quo de 1850, y declara: "que al Gobierno de S. 
M. le es imposible consentir en retroceder al statu quo de 
1850, y evacuar lo que ha constituido por algunos años 
una parte integrante de la Guayana Británica." — Deplo- 
ra no poder aceptar dicha proposición; y el que suscribe 
de igual mj-.nera lo deplora, porque retrocediendo la Gran 
Bretaña á aquel modus vivendi, habría dado una esplén- 
dida prueba de su amor á la justicia, de su respeto por el 
cumplimiento de un pacto, y de su deseo de concilia- 
ción al presente, para reanudar las relaciones políticas 
entre los dos países, poniéndoles un sello definitivo á to- 
dos los asuntos pendieutes. Alega, para apoyar esa lamen- 
table decisión, razones que no pueden ser admisibles pues la 
base de ellas es un sofisma en derecho, no pudiendo ser 
aplicadas al tratarse del territorio que fué declarado neu- 
tral en 1850. Al considerar y reconocer S. E. la decla- 
ración hecha por el gobierno de Su Majestad y por el 
órgano de Sir Belford Wilson, Encargado de Negocios 
Británicos eu Caracas, agrega: "que el ai reglo sóbrelas 
bases estipuladas fué interrumpido por Venezuela en 
distintas y sucesivas ocasiones, con anterioridad á nin- 
gún intento de parte del Gobierno de S. M. de ejercer 
jurisdicción en los distritos en cuestión; que en el mismo 
año de 1850 en que la declaración fué hecha, el gobier- 
na venezolano principió á establecer nuevas posiciones 
al Este del Tumeremo; y en 1858 fundó la ciudad de 
Nueva Providencia, eu la margen Sur del río Yuruary; 
que asimismo en 1876 fueron concedidas licencias para 
traficar y cortar maderas en el Distrito de Barima y hacia 
el Este de ese Distrito; que en 1881 concedió el Gobierno 
Venezolano un privilegio de gran parte del territorio dis 
putado, al General Pulgar; y que en 1884 hizo concesio- 
nes á la Compañía Manoa y otras." 

Esos antecedentes sirven de fuudameuto al Gobier- 
no Británico, no sólo para proceder, como lo ha hecho, 
ocupando urea grande extensión de territorios que Ve- 



— 25 — 

uezuela sostiene le pertenecen, sino también como justi- 
ficación de su conducta en estos últimos años, y en seguida 
para declarar al presente que esos territorios pertenecen 
é la Colonia de Demerara, por lo cual no puede evacuar- 
los ni tampoco someter los títulos de su derecho al juicio y 
sentencia de un arbitro juris. 

Pero es del caso establecer cuáles fueron los territorios 
declarados neutrales y en disputa por el convenio de 1850. 
I Acaso lo fueron los que se encuentrau dentro de la 
línea caprichosa del explorador Schoinburgk 1 ? ¿Acaso 
están comprendidos en la línea arbitraria trazada por el 
Marqués de Salisbury ? ¿Acaso llegan á a'oarcar todo lo 
que se denomina extrema pretensión lEsas líneas han apare- 
cido mucho después, presentándose como tema á la dis- 
cusión ; y es natural suponer que la que trazó Lord Aber 
deeu, en 1841, sirviera de fundamento para la considera- 
■ción de los derechos británicos nueve años después ; y tan 
natural es suponerlo así, cuanto que más adelante, en 1886, 
el señor Conde de Eosebery indicó otra línea que difiere 
solamente de la de Lord Aberdeen en que avanza un tanto 
hacia el norte. Tauto la primera como la última de esas 
líneas no encierran ni el Yuruary y su margen Sur, don- 
de se fundó la ciudad de Nueva Providencia, ni el Dis- 
trito Barima, donde se concedierou liceucia.s para trafi- 
car y cortar maderas, como lo manifiesta el señor Se 
cretario de Estado. En cuanto á las concesiones ó pri- 
vilegios al genera! Pulgar y á la Compañía Mauoa y 
otras, no han tenido efecto, ni fueron acordadas sino 
sobre territorios de la República, respetándola los dere 
«hos de la Colonia de Demerara, y por consiguiente la 
neutralidad pactada en 1850 sobre una porción de co-, 
marcas donde Venezuela se lia abstenido de ejercer ju- 
risdicción. 

Significa S. E. de una manera que parece terminante: 
¿que esos derechos, esto es, los que pretende tener la 
G-ran Bretaña sobre los territorios ocupados, tauto los 
que correspondían al modus vivendi de 1850, como los 
demás al Norte y Oeste de esa porción, no pueden ser aban- 
donados-, y que no consentirá que otro statu quo que el 
existente actualmente, quede en fuerza durante el pro- 
greso de las negociaciones. 

Debo creer que la teoría de que los hechos consu- 
mados hacen fuerza de ley, no puede ser aplicada á ne- 
gociaciones diplomáticas que tiendan á efectuar un arre- 
glo cordial y amistoso entre dos Naciones, de antiguo 
ligadas por la gloria compartida en una magua guerra 
y por intereses comerciales importantes; esa teoría no 
puede prevalecer ni imponerse cuando se trata de evitar 



— 26 — 

serios peligros para lo futuro, cuando se tiene eu mira 
proteger y garantizar capitales cuantiosos que la Gran 
Bretaña tiene empleados en Venezuela, y cuando por 
estar paralizados casi los negocios mercantiles eutre am- 
bos países, se procura restablecerlos bajo el pie fecundo 
que tenían ahora años, evitando que la prolongación del 
estado actual de las relaciones políticas eutre los dos 
Gobiernos, produzca serios conflictos. Aparte la conside- 
ración de que las instituciones políticas de Venezuela 
son un obstáculo insuperable para que sus Gobiernos 
consientan en el reconocimiento tácito, por medio de 
tratados, de derechos á territorios por otra nación, con- 
siderados corno parte integrante de la República, dere- 
chos no probados ni definidos por ninguna autoridad 
legal ó consentidos y aceptados segúu e! derecho pú- 
blico internacional, está de por medio la dignidad de 
ambos países, que quedaría ajada: la de Venezuela ce- 
diendo á la fuerza de una imposición desdorosa, y la 
de la Gran Bretaña imponiéndose injustamente por el 
hecho de ser una gran Potencia. 

Es en virtud de todas estas razones que el suscri- 
to se permite dirigir de nuevo á ese Ministerio la peti- 
ción de un arreglo, cuyas bases seau de tal modojus 
ticieras y liberales como para que no ameriten recha- 
zo alguno. Inspirado eu esos propósitos es que insis- 
to en la consideración de unas bases de convenio preli 
minar que aleje toda discusión sobre pretendidos dere- 
chos territoriales, dejando esa grave materia en absolu 
to á la solución natural de un jaez arbitro, para el caso 
de que la comisión de Delegados que haya de trazar la 
línea fronteriza no pueda avenirse en todos los puutos. 

Espera él suscrito que, bien penetrado de estas ra- 
zones el señor Secretario de Estado, pueda modificar sus 
ideas ai tenor de las declaraciones hechas ante el Par- 
lamento, á nombre del Gobierno de S. M. por el señor 
Gladstone, con relación á la materia arbitramento, y 
así en el sentido de llegarle á pouer un sello definitivo 
á las cuestionas peudientes con Venezuela, para cuyo efec 
to puede, con toda seguridad, contar con la mejor dispo 
sición por parte del que suscribe. 

Consentimientos de alta consideración, soy del señor 
Conde de Rusebery, 

Obediente servidor, 

Tomás Michelena. 

Hotel Previtali. 

Arundell Street, 

Piccadilly Circus. 

A su Excelencia el Conde de Eosebery, Secretario de Estado, &, &, &. 



— 27 — 

Agencia Confidencial 

en la 
Gran Bretaña — N° 25 

París, agosto 26 de 1893. 

Gran Hotel de Bade. 
32-Boulevard des Italiens. 

Señor Ministro: 

Teugo la honra de acusar á usted recibo de su co- 
municación número 1.038, fecha 4 del corriente mes, re- 
lativa á la respuesta dada por el Foreigu Office, el 3 del 
mes presente, al Memorándum que le dirijí el 26 de 
mayo. 

Como estará usted ya impuesto por la -copia que 
dirijí á ese Ministerio, con fecha 4 del presente, los 
términos de mi réplica al Foreigu Office se hallan entera 
meute de acuerdo con la apreciación que hace el Gobier- 
no de Venezuela de la actitud asumida por Lord Rose 
bery, que en uada se aparta de la línea de conducta 
trazada por Lord Salisbury, en la cuestión pendiente de 
límites. 

Oreo haber llamado la atención de Lord Rosebery, en 
mi citada réplica, sobre todos los puntos que de 
muestran lo inaceptable por parte de Venezuela, de las 
pretensiones del Gabinete Británico, su falta de lógica 
en la limitación que propone del recurso arbitral, y su 
inconsecuencia con las declaraciones tan solemnes y recien 
tes de Lord Gladstone, hechas ante la Cámara de los Co- 
munes, eu que reconoce la eficacia del arbitramento. 

Perdida la esperanza que tenía puesta el Gobierno eu 
el actual Jefe del Foreigu Office, de que abriría un ca 
mino más amplio á la discusión del asunto de límites, 
no dejando su respuesta á mi Memorándum fecha 26 de 
mayo, ninguna duda á este respecto, no rae prometo ob 
tener modificación alguna favorable en la respuesta que 
dé el Foreigu Office á mi réplica del 31 de julio. Conse- 
cuente la Iuglaterra con su política colonial que tiene por 
lema el "J 7 y suis, f y resté",, opondrá siempre la más 
tenaz resistencia, trataudo cuu uu país que juzga débil 
é impotente, á uu arreglo que pueda acarrearle el riesgo 
de teuer que abaudouar los territorios que ocupa, de hecho, 
tranquilamente. 

Aguardo la contestación del Foreigu Office, que no 
diferirá snstaucialmente de la ya eu viada en copia á ese 
Ministerio, y de la que habrá de depender, en caso tal, 
el término de estas negociaciones, que en el limite de mis ins- 
trucciones, no pueden extenderse á otro resultado que al ob 
tenimiento de un compromiso arbitral, ll aplicado al asunto- 



28 



delimites, desde su origen, sin exclusiones, ni distingos, 11 co- 
mo expresa la comunicación de usted á que tengo la honra 
de referirme. 

Mesera grato cumplir, en lo sucesivo, con la disposi 
ción de enviar una copia del original inglés, cada vez que 
reciba alguua comunicación del Foreign Office, sin perjui- 
cio de enviar la traducción correspondiente. 

Soy de usted, 

muy atento servidor, 

(Firmado) Tomás Michelena. 

Al señor don Pedro Exequiel Rojas, Ministro de Relaciones Exterio- 
res del Gobierno de Veuezuela— Caracas 

* 

Llamamos la atención del lector hacia un 
punto de importancia manifiesta, que es el si- 
guiente: 

En el Memorándum dirijido por la Lega- 
ción de Venezuela en Londres, en 28 de julio 
de 1886, á Lord Rosebery, se lee lo siguiente so 
bre el pacto de 1850: 

"Eu 1850 el señor Belford Hintou Wilson, Encargado 
de Negocios de laG-ran Bretaña en Venezuela, con motivo, 
según dijo, de hiberse propagado rumores de querer Ingla- 
terra reclamar la Gnayana Venezolana, tomó á empeño 
desmentirlos, y declaró en nota oficial de 11 de noviembre 
que, no sólo estaban absoluta y completamente destitui- 
dos de todo fundamento, siuo que eran precisamente el 
reverso de la verdad. Además se expresó en los térmi- 
nos siguientes: — "El Gobierno de Venezuela, sin ser in- 
justo para con la Gran Bretaña, no puede desconfiar 
4ii por un momento de la sinceridad de la formal de- 
claración ahora hecha en nombre y por orden expresa del 
Gobierno de Su Majestad, a saber, que la Oran Bretaña no 
tiene intención de ocupar ni usurpar el territorio disputado', 
así, con igual espíritu de buena fe y amistad, el Gobierno 
de Venezuela no puede tener inconveniente en hacer al 
Gobierno de Su Magestad una formal declaración seme- 
jante, á saber, que Venezuela misma no tiene inteución 
de ocupar ni usurpar el territorio disputado." 

Más adelante y en la propia nota añadió el señor 
Wilson: — "El Gobierno de Su Majestad, como queda ante 
dicho, no ordeuará ni sancionará tales usurpaciones ú 



— 29 — 

ocupacióu de parto de autoridades británicas, y el io- 
fraescrito está persuadido de que, si alguna vez hubiere 
mala inteligencia respecto de la determinación de su Go- 
bierno en este punto, él renovaría gustosamente sus ór- 
denes en el particular; por lo tanto abrigo la convic- 
ción de que, de acuerdo con las amistosas indicaciones 
del Gobierno de Su Majestad, el de Venezuela no vacila- 
rá en enviar á las autoridades veuezolauas de Guayana 
instrucciones positivas de abstenerse fie tomar medidas 
que las autoridades británicas puedeu justamente consi- 
derar como agresivas." 

El Gobierno déla República accedió á lo que de él soli- 
citaba, declarando que no tenía intención de ocupar ni 
usurpar ninguna parte del territorio cuyo dominio se 
controvertía, ni vería con indiferencia que procediese de 
otro modo la Gran Bretaña. Y asimismo ordenó á las 
autoridades de Guayana que se abstuviesen de dar provi- 
dencias con las cuales se quebrantase la obligación que 
á virtud de lo declarado había contraído el Gobierno, y 
que pudieran conducir á funestos resultados." 

Mas tarde, en nota 9 de diciembre del mis- 
mo año de 1886, se expresa el señor T. R. St. 
John, Ministro Residente de la Gran Bretaña en 
Venezuela, en los términos siguientes sobre el 
pacto de 1850: 

"Si V. B. tiene la bondad de consultar una comu- 
nicación hecha en 26 de setiembre de 1851 por esta Le- 
gación al Gobierno de Venezuela, de orden del Gobierno 
de S. M. hallará dicho allí, con referencia á otro asunto, 
que una doctrina como la de que todo acto ó palabra de 
un agente diplomático obliga á su Gobierno, es entera- 
mente incompatible con el derecho internacional, siendo 
muy bien sabido que ni siquiera un tratado formal con- 
cluido y firmado por un Plenipotenciario es válido, á me- 
nos que su Gobierno lo ratifique debidamente." 

¿ Eludía el compromiso el Gabinete inglés 
en 1851 ? — Lo da á entender el Ministro Resi- 
sidente; en su caráeter de representante déla 
Gran Bretaña, niega la eficacia del compromiso 
contraído por Sir Belford Wilson, alegando la fal- 
ta de ratificación. — Pero ahora aparecen las cosas 
de otra manera: el pacto existió, y se hace soli- 
dario el Gabinete de St. James al compromiso 



— 30 — 

de Wilson; así lo reconoce explícita y termi- 
nantemente Lord Rosebery en la nota que he- 
mos insertado más arriba. — T aunque atribu- 
ye á Venezuela la falta de cumplimiento á 
dicho pacto, diz que por haber fundado (en 
el Yuruary) la ciudad de Nueva Providen- 
cia, así como por otras causas, todas sofísti- 
cas, es el caso: que declara ser cierto que 
hubo ese statu quo, un pacto de neutralidad res- 
pecto del territorio disputado; y esta incidencia 
que refuerza los derechos de Venezuela, convie- 
ne se sepa que se ha logrado mediando nuestra 
intervención en las negociaciones que hubimos 
de iniciar. 



* 



La respuesta dada por el conde de Rosebery 
á nuestra argumentación, fué la que sigue, y en 
consecuencia replicamos con la nota que va más 
abajo: 

Ministerio de Eelaciones 
Exteriores 

12 de setiembre de 1893. 

Señor: 

El Gobierno de S. M.-ha examinado cuidadosamen- 
te los argumentos contenidos en la uota vuestra de 31 de 
julio último, para el arreglo de la cuestión frontera en- 
tre la República de Venezuela y la Colonia de la Gua 
yana Británica. 

Siento informaros de que al Gobierno de 8. M. no le pa- 
rece que el contenido de vuestra nota ofrece entrada alguna 
que conduzca á un acuerdo acerca de esta cuestión y que él 
pueda aceptar. 

Sigue, sin embargo, deseoso de llegar á uu arreglo 
amistoso de la frontera entre las posesiones de los dos 
países, y está dispuesto á prestar la mejor consideración 
á cualesquiera proposiciones practicables presentadas 
para este objeto. 



— 31 — 

Tengo el honor de ser, señor, vuestro más obediente 
y humilde servidor, 

Eosebery. 

Señor Michelena, etc, etc, etc 



Gran Hotel de Bade 
32 — Boulevard des Italiena 

París, setiembre 29 de 1893. 

Señor: 

Tengo la honra de acusar á Su Excelencia recibo 
de su nota de 12 del corriente, en que se sirve manifes- 
tarme que, habiendo examinado detenidamente el Gobier- 
no de S. M. los argumentos contenidos en mi nota de 31 
de julio último, para el arreglo de la cuestión de límites 
entre la Eepübüca ele Venezuela y la Colonia de la Guayana 
Británica, sentía informarme que el contenido de mi citada 
nota no ofrecía al Gobierno de S. M. base alguna que 
pudiera aceptarse para llegar á un acuerdo en la referida 
cuestión, 

Termiua S. E. añadiendo que, no obstante, el Gobierno 
de S. M. B. continúa en el deseo de llegar á un amis 
toso arreglo sobre los límites entre las posesiones de am- 
bos países, y que se halla dispuesto á tomar eu conside- 
ración cualquiera propuesta practicable que conduzca á 
tal objeto. 

Los términos en que S. E. se ha servido contestar 
mi nota de 31 de julio último, desestimando en absolu- 
to ia propuesta que allí reproducía, presentada en mi 
nota de 26 de mayo, de someter al estudio de una co- 
misión de Delegados todo lo relativo á la cuestión de 
limites, con facultad para trazar una línea fronteriza 
entre las posesiones de la Colonia de la Guayana Britá- 
nica y el territorio de la Eepública de Venezuela, y de 
someter en último recurso á la decisión de arbitros juris 
las diferencias que sobre dicha línea fronteriza no pu- 
diesen resolver de común acuerdo los Delegados de la 
Comisión; y la prescindeucia que hace el Gobierno de 
S. M. B. de los argumentos que he presentado en apoyo 
de la justísima negativa del Gobierno de Venezuela á 
aceptar como incontrovertible la línea propuesta en la nota 
de S. E. de 3 de julio último, que comprende una grande 
extensión del territorio que Venezuela sostiene le pertene- 
ce, debilitan grandemente, si no destruyen por com- 
pleto, la couflanza que procurau mantener los últimos 
conceptos de la nota á que tengo la honra de referirme, 



— 32 — 

expresando que el Gobierno de S. M. continúa, no obs- 
tante, deseoso de llegar á un arreglo amigable sobre la 
cuestión límites y prestará sus mejores consideraciones á 
cualquiera propuesta practicable que se le Uaga con tal 
objeto. 

Fué nado en esta misma promesa becha por el pre- 
decesor de S. B. al doctor Lucio Pulido, anterior Agen- 
te del Gobierno de Venezuela, y en la esperanza muy 
fundada de que el actual Gabinete de S. M. B. y muy 
en particular S. E. que había conducido las negociaciones 
de arreglo en 1886 con un espíritu mucho más concilia- 
dor que el demostrado por Lord Saüsbury, acogerían sin 
limitaciones, que equivalen á un sometimiento indecoroso 
é injustificable para el Gobierno de Venezuela, las propo- 
siciones de arreglo, que se basan en un estudio concien zu 
do de la cuestión por personas facultadas ampliamente 
por cada Gobierno, con autorización de fijar la linea fron- 
teriza de acuerdo con los títulos justificativos de domi- 
nio de cada parte, y que en último extremolo que esa Co 
misión no pueda resolver de mutuo acuerdo, definitiva- 
mente lo juzgue y sentencie un Tribunal de arbitros juris) 
fué fundado en esas esperauzas, repito, que el Gobierno 
de Venezuela se apresuró á reanudar las negociaciones 
interrumpidas en 1890, y me coufió el encargo de conti 
miarlas, presentando, como lo he hecho, á S. E., las propo- 
siciones que ya conoce. Robustecían esa confianza las 
contestaciones que ¡S. JE. se sirvió dirigir á la Cámara de 
Comercio de Londres y una Sociedad de Paz y Arbitraje 
que solicitaban el arreglo de la cuestión con Venezuela. 

El procedimiento de que dejo hecha referencia pro- 
puesto á S. E. en mi nota de 26 de mayo último, es el 
único que permite dejar bieu esclarecidos la verdad his 
tórica y los legítimos títulos de ambas partes; el único 
que promete una solución que no sea depresiva de la 
igualdad y respeto que se deben las naciones entre sí 7 
tanto más dignos de ser guardados, cuanto que pudiera 
recelarse que la imposición de una mayor fuerza prive 
sobre el derecho del más débil; el único que pautan co- 
mo fácil y practicable la especial naturaleza de esta en 
vejecida cuestión, los múltiples proyectos de arreglo á que 
ha dado margen desde su origen y la diversidad de lí- 
neas fronterizas, cada vez más ventajosas, que ha pro- 
puesto en distintas épocas el Gobierno de S. M. B., dan 
do con ello justo motivo para que un eminente hombre de 
Estado, Secretario de las Relaciones Exteriores de la Re- 
pública de los Estados Cuidos, en 1888, dijese en nota 
oficial, que ha sido publicada, al Ministro Plenipoten- 
ciario de la misma República en Londres, "que si apa- 



— 33 — 

recia que la pretensión británica no tenía límite Jijo, que- 
daría frustrada la buena disposición de los Estados Uni- 
dos para ayudar al arreglo y habría de siieedeile uu 
sentimiento de grave pesadumbre." 

Este litigio, que ha venido desgraciadamente á inte- 
rrumpir las antiguas y muy cordiales relaciones diploma 
ticas entre la Gran Bretaña y Venezuela, sobre el cual 
tiene ya formado concepto la opinión de todos los Go- 
biernos de la América, merced á la difusa publicación 
que se ha hecho de todos sus incidentes, que ha valido 
al Gobierno de Venezuela el ofrecimiento do varios de 
aquellos Gabinetes de interponer su amistosa influencia 
cerca del Gobierno de S. M. B. para que se llegue á uu 
arreglo decoroso, basta ser historiado brevemente para 
producir el íntimo convencimiento de que, al fiar Venezue- 
la, sin limitación alguna, su solución definitiva ala efica- 
cia del arbitramento, reconocida por todas las Naciones 
civilizadas y proclamada recientemente por el primer Se- 
cretario, señor Gludstoue, en solemne y aplaudido discurso 
ante el Parlamento, uo es nada quimérica su voluntad 
de regularizar la situación creada últimamente por proce- 
dimientos de hecho, que no otra cosa que violencias y 
perturbaciones puedeu acarrear. 

Si bien contrasta con el 1-aco.nismo de la nota de S. 
E. la extensión de la presente, fuérzame á ello la nece- 
sidad de demostrar, hasta donde me sea permitido, que la 
negativa de parte del Gobierno de S. M. B. á considerar 
aceptable y práctica la propuesta de someter la decisión del 
asunto de límites á uua Comisión de Delegados y en úl- 
timo recurso á un juicio de Arbitros juris, sin limitación 
alguua, coutraría en un todo el deseo, que por otro lado 
me asegura S. E. que abriga el Gobierno de S. M. de lle- 
gar á un arreglo amistoso y de considerar cualquiera 
propuesta practicable con tal objeto. Aquella negativa y 
este buen propósito son enteramente incompatibles, y es 
del caso hacer aquí una ligera reseña de las diversas fases 
que ha venido presentando esta cuestión de límites, pa- 
ra que se vea de manifiesto que las pretensiones que 
ha dado á conocer el Gobierno de S. M. B. en los últi- 
mos años, referentes á límites de la Colonia de la Guayana 
inglesa, distan tauto de las asomadas en los primeros 
años de esta cuestión, que si se sometiese á ellas incon- 
dicional rúente el Gobierno de Venezuela, como aspira el 
Gobierno de S. M. lejos de constituir ese sometimiento un 
arreglo amigable entre ambos países, convertiría á la Na- 
ción Venezolana en un país sujeto aún á la conquista. 



— 34 — 

Data del aüo de 1841, cuando vino á Londres el doctor 
Alejo Fortique, como Ministro de Venezuela, la primera 
línea fronteriza propuesta por Lord Aberdeen, que daba 
principio por la costa en el rió Moroco, prolongándose 
en el interior del territorio que Venezuela consideraba 
como suyo, y hacía de perteuencia británica toda la 
extensión del río Cuyuui por su margen izquierda. La 
muerte prematura del doctor Fortique interrumpió estas 
negociaciones, que sin duda habrían concluido de un 
modo satisfactorio para ambos Gobiernos, pues el de S. 
M. daba esperanzas de reducir sus pretensiones, y el de 
Venezuela, con la aprobación de su Consejo de Gobierno, 
proponía una línea intermedia. 

Como corolario de estas negociaciones hizo el Gobierno 
de S. M. B. en 1850, á petición del Gobierno de Veuezuela, 
y por el órgano de Sir Belford Wilson, entonces Encar, 
gado de Negocios en Caracas, la solemne y oficial declara- 
toria de que se tendría por ambos países como euteramente 
neutral la zona de territorio que se hallaba en disputa, 
hasta la celebración de un Tratado definitivo de límites, 
no siendo otra esa zona que la comprendida entre la línea 
propuesta por Lord Aberdeen, que comenzaba por la costa 
en el río de Moroco, prolongándose en el interior por la 
margen izquierda del Cuyuni, y la ;que sostenía Vene- 
zuela como legítima, ó sea la del río Esequibo. Contri- 
buyeron á motivar la petición del Gobierno de Venezuela, 
de que dejo hecha mención, los actos arbitrarios ejecutados 
por el ingeniero R. Schotnburgk, que como explorador 
se internó en el territorio de Venezuela, clavó postes y 
estableció señales, siguiendo una línea enterameute nueva 
y caprichosa; postes y señales que mandó remover el 
Gobierno de S. M. B. á solicitud expresa del doctor 
Fortique, como Ministro de Venezuela, declarando el Fo- 
reigu Office que ellos no significaban derechos sino aspira- 
ciones. Esta línea de Schomburgk, calificada entonces tan 
propiamente por el Gobierno inglés, ha venido, sinem- 
bargo, á ser con posterioridad el caballo de batalla del 
Foreign Office, no ya para aspirar, como de 1841 á 1850, 
sino para ocupar y pretender que esa ocupación sea reco- 
nocida por Venezuela como uu título de legítima perte- 
nencia, en virtud de hallarse en disputa el territorio que 
abraza dicha línea, como se dijo en un Decreto de octubre 
de 1886. 

En nota de 15 de setiembre de 1881, y acreditado 
entonces como Ministro de Venezuela cerca del Gobierno 
de S. M. B. el señor José María Rojas, prepuso Lord 
Granville, como línea divisoria, una que partía de la costa 
á 29 millas de lougitud al Este de la margen izquierda 



— 35 — 

del río Barioia y se confundía en su prolongación al 
interior con la línea de Lord Aberdeen, comprendiendo 
ambas la extensión del río Ouyuni por su margen izquierda. 
El Representante de Venezuela, señor Sojas, había pro- 
puesto que el lindero principiase en la costa, á una milla 
al Norte de las bocas del Moroco, [punto de partida próxi- 
mo al de la línea de Lord Aberdeen,] que de dicho punto 
se trazara un meridiano de longitud hasta su cruzamiento 
con la longitud del 60? de Greenwich y de allí continuase 
la frontera hasta el Sur por dicho meridiano de longitud 
hasta los confines de ambos territorios. 

Cinco años después, y estando rá cargo de S. E. como 
en la actualidad, la primera Secretaría de Negocios Ex- 
tranjeros, propuso considerar como territorio de la contro- 
versia el situado entre la línea fijada por el señor Rojas 
en 21 de febrero de 1881 y la propuesta por Lord Granville 
en 15 de setiembre del mismo año, ambas reseñadas arri- 
ba, y trazar una línea divisoria dentro de los límites de 
ese terreno, por un arbitramento ó por una Comisión Mixta, 
para dividirlo por igual entre las partes, tomando en debida 
consideración los limites naturales. — Agregó S. E. que su 
Gobierno daba especial importancia á la posesión del río 
Gruaima y abrigaba el deseo de estipular que la línea arran- 
case en la costa del mar hacia el Oeste de aquel río, 
ofreciendo hacer en otra parte del territorio controvertido, 
la conveniente compensación por este desvío del principio de 
igualdad en la partición. — Ofrecía también consideraren 
conexión con el límite, la cesión á Venezuela de la isla 
de Patos, pidiendo al mismo tiempo la eutera libertad 
del Comercio y Navegación del Orinoco. 

Debo hacer valer en esta oportunidad, con especial 
detenimiento, la significación de estas bases de arreglo, 
propuestas por V. E. en 1886 y que tanto se apartan, por 
su espíritu conciliador y moderado, de la actitud que ha 
creído deber asumir al presente el Gobierno de S. M> B. 
cuando se trata nada menos que de restablecer las buenas 
relaciones diplomáticas entre ambos países y reparar los 
graves males que á intereses muy considerables ha causado 
en los últimos años esta desgraciada situación. 

Limitaba S. E. con esas proposiciones de arreglo la 
extrema pretensión de Lord Granville, ofreciendo dividir 
por mitad el territorio en disputa, con la debida conside- 
ración de los límites naturales; indicaba el nombramiento 
de una Comisión Mixta ó de un Arbitramento para la 
determinación de la línea fronteriza, reconociendo así la 
innegable eficacia de esos procedimientos para resolver 
toda cuestión de límites; y presentaba como una aspiración 
del Gobierno de S. M. B.j y como un deseo de importancia, 



— 36 — 

el que se estipulase que la líuea arrancase de la costa del 
mar hacia el Oeste del río Guaima, ofreciendo hacer en 
otra parte de la comarca disputada la conveniente compen- 
sación por este desvío del principio de igualdad. Puede 
considerar S. E. cuan distantes se hallan esas bases de 
arreglo de la incondicional y extrema proposición que 
contiene su nota de 3 de julio último, por la que se pre- 
tende que Venezuela acepte como incontrovertible la 
línea caprichosa de Schomburgk, excluyendo |del arbitra- 
mento todo el territorio que abraza dicha línea, 
tenida anteriormente por la Gran Bretaña, no como un 
derecho sino como una aspiración, y por la que se atribuye 
á la Colonia de la Guayana inglesa la jurisdicción sobre 
los ríos Guaima y Barima, la punta de este nombre y 
los territorios adyacentes á dichos raudales, desde su 
nacimiento hasta su desagüe en la Gran Boca del Orinoco. 
— Esto significa una pretensión de abandono que haría 
Venezuela de una extensión de territorio mucho mayor 
que el deliueado por Lord Áberdeen en 1841, y que el 
propuesto por Lord Granville en 1881; doblemente más 
considerable que el proyectado por S. E. en 1886; y toda- 
vía más importante que el ambicionado por Sir T. H. San- 
derson en conferencia con el Dr. Lucio Pulido, en 31 de julio 
de 1890, al ofrecer que la Inglaterra abandonaría sus 
pretensiones sobre la Boca del Orinoco y convendría en 
establecer el límite por aquel lado, "por medio de una línea 
que, saliendo de Punta Mocomoco, entre punta Barima y 
rio Guaima, tocase por el Suroeste con el río Amacuro. " 

Ha reproducido S. E. en nota fecha 3 de julio último, 
contestando á las proposiciones de arreglo que presentó en 
Memorándum de 26 de mayo, la exigencia de que Ve.ne 
zuela reconozca como indiscutible la línea propuesta por 
Sir T. H. Sanderson en su nota de 19 de marzo de 1890, 
dirigida al doctor Modesto Urbaneja, que fué acompañada 
de un mapa en que se ve el trazo que seda á dicha línea, 
que va más allá de la original de Schomburgk, traspasa 
la línea primitiva de Lord Aberdeeu y la de Lord Gran- 
ville. Sólo admite S. E. el arbitramento propuesto por 
mi Gobierno, sobre el territorio que demora á la margen 
izquierda del Cuyuni, hasta la entrada de esa arteria en 
la línea de Schomburgk, cerca del desagüe del Acara- 
bisi; es decir: sobre un territorio que en ningún tiempo 
anterior ha sido materia de controversia y que ha po- 
seído la Bepública de Venezuela, quieta y pacíficamente^ 
desde el tiempo de su Independencia, fundada esa pose- 
sión en titulos históricos y jurídicos de notoria suficiencia. 

Puede ahora fácilmente hacerse cargo S. E. de las 
sustanciales diferencias que presentan las diversas líneas 



— 37 — 

fronterizas propuestas por el Gobierno de S. M. B. en 1841, 
1881, 1886, 1890 y en la actualidad; su tendencia, siempre 
persistente, de acrecentar los límites déla Colonia déla 
Guayana inglesa á expensas del territorio de Venezuela, 
y la manifiesta discordancia que demuestran las proposicio- 
nes de S. E. en 1886, con la actual pretensión deque Vene- 
zuela acepte, sin compensación de ningún género, la línea 
aunieutada de Schomburgk, que la desposee, no solamente 
del río Guaima, importante deseo del Foreign Office en 
1886, sino también del río Barirna y Punta del mismo 
nombre, con sus territorios adyacentes. 

Ocurre aquí preguntar, ¿de qué naturaleza cabe que 
sean los títulos y documentos que puedan servir de base 
á pretensiones de límites tan diversas y tan ajenas de la 
unidad y precisión que requieren comprobantes justifi- 
cativos de esta clase de derechos? V si ellos existen tan 
suficientes y luminoso;?, como ha aseverado tenerlos el 
Foreign Office, ¿por qué no presentarlos ante un Tribunal 
Imparcial que juzgue de su eficacia y pronuncie su fuerza 
jurídica? ¿ Podrá ambicionarse solución más práctica, más 
amigable, más conforme con los usos de todos los países 
que acatan los sagrados fueros de la. justicia, que la 
solicitada por Venezuela, fiando á una (Jomisión Mixta 
ó á un Tribunal de Arbitros el juicio y sentencia de 
este debate que dura ya cincuenta años ? 

El único documento citado por Sir T. H. Sanderson en 
su réplica al Memorándum que en 1890 envió el señor Dr. 
Lucio Pulido al Fore'gn Office, ha sido el Tratado de Muns- 
ter, de!648, y según el cual sostiene Sir T. H. Sanderson 
que el territorio en disputa pertenecía á la Holanda por de- 
recho de previa ocupación: que fué pública y efectivamente 
ocupado por la Gran Bretaña durante las guerras de fines 
del siglo XVIII, y que el traspaso formal del país así ocu- 
pado se efectuó por el Tratado de Paz con los Países 
Bajos, de 13 de agosto de 1814, y no fué cuestionado por 
España, al firmar la paz con olla en el mismo año. . 

Omitió decir Sir T. H. Sanderson, que el Tratado de 
Munster no especifica la extensión del territorio reconocido 
«orno de los holandeses por España: que los españoles 
permanecieron en posesión de todo el terreno que arranca 
del Orinoco hasta el Esequibo, en cuyas inmediaciones 
tenían establecidas misiones así como puestos eu el Cu- 
yuni: que fueron incesantes los esfuerzos de España para 
alejar del Orinoco á los holandeses, á quienes el Tratado 
de Munster prohibía aún comunicar con los estableci- 
mientos españoles; y que á los ingleses, cuando por fuerza 
estuvieron apoderados de las Colonias de Holanda, había 
de aplicarse también la misma prohibición : que los hechos 



— 38 — 

de guerra ejecutados por los holandeses, ó por los holan- 
deses y los ingleses unidos, ó sólo por estos últimos, en 
abierta oposición á dicho Tratado, y no legitimados des- 
pués por el consentimiento de España, no constituyen 
título alguno de dominio : que el tratado de 13 de agosto' 
de 1814, por el cual los Países Bajos cedieron á la Inglate^ 
rralas Colonias.de Esequibo, Berbicey Demerara, se limitó 
á designarlas por sus nombres, sin expresar la extensión 
del territorio de ninguna de ellas. 

En la historia de las Colonias de Esequibo, Demerara 
y Berbice, publicada en 1888 por el Capitán holandés P. 
N. ííestcher, sacada de documentos de los archivos oficia- 
les de su patria, se ve que, en su opinión, la línea 
divisoria trazada eu uno de sus mapas, empieza en el 
Moroco y sigue al Suroeste á cortar el Cuyuni y luego se 
inclina directamente al Sur hasta las Sierras de Roraima 
y Pacaraima. — Además, el único documeuto que da á co 
nocer de un modo directo los límites entre las Colonias 
españolas y las holandesas de Guayaua, á saber, el Con- 
venio de extradición de esclavos prófugos y desertores, de 
1791, sitúa las primeras en el Orinoco y las segundas eu 
el Esequibo, Demerara, Berbice y Surimán. — Por tanto, 
España no creía que los holandeses tuviesen posesión 
alguna al Norte ó al Noroeste de Esequibo, y al celebrar 
eu 1814 un Tratado con la Gran Bretaña, no de paz, 
como dice Sir T. H. Sanderson, sino de alianza, puesto que 
la paz; existía entre ellas desde 1802 y sus fuerzas obra- 
ron unidas en la Peuínsula española para rechazar la 
invasión francesa, no habría tenido por qué quejarse de la 
mayor extensión dada á los establecimientos de Holanda 
con perjuicio de los de España. Omitió, por último, decir 
Sir T. EL Sauderson, que en la lista que el Gobierno inglés 
publicó en 1877 de sus Colonias Británicas, llevó la fron- 
tera de la Guayana casi al Sur de la Boca del Amacuro, 
hasta la unión de los ríos Cotinga y Takutu, y eu la 
lista de 1887 hace dará la línea un extenso rodeo -al 
Sur, siguiendo el Yuruary. 

Como aparece de todo lo expuesto, la Gran Bretaña 
no ha exhibido en todo el largo trascurso de esta cuestión, 
ningún título histórico jurídico que patentice con la debida 
certeza la verdad y legítima procedencia de alguna de las 
tantas líneas que ha pretendido acepte Venezuela como in- 
discutibles. —A falta de esos legítimos títulos y con viola- 
ción de lo estipulado y prometido por Sir Belford Wil- 
son, en 1850, de tenerse por ambos países, bástala celebra- 
ción de un Tratado definitivo de límites, como neutral el 
territorio entonces disputado, ha procedido á ocupar de 
hecho la zona comprendida dentro de la línea de Schom- 



— 39 — 

burgk, que en época anterior declaró terminantemente 
que había sido señalada en el terreno, uo como un derecho, 
sino como una aspiración. En contraposición á esas pre- 
tensiones y á ese poecedimiento inconducente, para mante- 
ner la buena armonía entre ambos países, y para llegar á 
un arreglo justo, legal y amigable de la cuestión debatida 
hace tantos años, Venezuela ofrece y propone someterse 
al fallo de una Comisión de personas competentemente au- 
torizadas por ambas partes, que analice todos los antece 
dentes de esta materia, examine los títulos, documentos 
y justificativos en que cada país funde sus derechos, y tra- 
ce la línea fronteriza que corresponda, refirieudo, en último 
extremo, al juicio y sentencia de un arbitramento juris, 
la decisión de ios límites fronterizos que no pudieran ser 
establecidos de común acuerdo por los miembros de la 
Comisión. 

No puede, pues, dejar de reconocerse, que con esta 
conducta el Gobierno de Venezuela ofrece la prueba más 
evidente de su amor á la justicia y de su decidida vo- 
luntad de conciliar, hasta donde sus deberes legales lo 
consienten, la defensa del territorio venezolano, que tie- 
ne la misión de conservar incólume, con el deseo de se 
llar esta enojosa cuestión de la manera más amigable y 
satisfactoria para ambas Naciones, para que pueda dima- 
nar de ahí el restablecimiento de sus buenas relaciones 
políticas. 

Mayores garantías de acierto, mayor independencia 
é imparcialidad, no podrán apetecerse, que no reúna ese 
Alto /Tribunal, erigido en Arbitro inapelable. ¿Cómo es 
posible que considere el Gobierno de S. M. B. impracti 
cable ó inaceptable con Venezuela el juicio arbitral para 
terminar una cuestión de límites, cuando lo ha ejercitado 
con otras naciones en iguales casos y acaba de aometer á 
su eficacia la grave cuestión con la República de los Esta- 
dos Unidos sobre pesquerías en el mar de Behring ! 

Con el mayor sentimiento daré cuenta á mi Gobierno 
del contenido de la nota de S. E. de 12 del corriente, en 
que desestima las proposiciones que he formulado, en 
cumplimiento de mis instrucciones, inspiradas en el mejor 
deseo de poner un término decoroso y legal á la tan deba 
tida cuestión de límites y de llegar por este medio á la 
reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos 
países. 

Réstame ahora declarar de la manera más solemne, 
en nombre del Gobierno de Venezuela, que con el mayor 
sentimiento se ve obligado á dejar la situación que han 
creado los sucesos de los últimos años, en el territorio 
disputado, sujeta á las graves perturbaciones que los pro 



— 40 — 

cederes de hecho no pueden dejar de producir; y que eu 
ningún tiempo consentirá Venezuela que se hagan valer 
procedimientos de esa naturaleza como títulos para legiti- 
mar una ocupación atentatoria de su jurisdicción territorial. 
Aprovecho esta oportunidad para renovar á S. E. 
los sentimientos de muy distinguida consideración, con 
que me es grato suscribirme de S. E. muy atento, seguro 
servidor, 

Tomás Michelena. 

Señor Conde Rosebery, Primer Secretario de Negocios Extranjeros 
del Gobierno de S. M. Británica. — Londres. 



A esta comunicación acusó recibo el Eo- 
reign Office, manifestando que tomaría en consi- 
deración su contenido. 



* 
* í 



Cumpliendo las instrucciones del Ministe- 
rio de Relaciones Exteriores, y atendiendo á cir- 
cunstancias que nos obligaron á no anticipar 
ponernos en contacto con las Legaciones ameri- 
canas desde nuestros primeros pasos, fué que en 
29 de julio y no antes, dirijimos la nota que va 
de seguidas, á los representantes en Londres de 
las Repúblicas de Chile, Argentina, Brasil, Co- 
lombia, Ecuador, Guatemala, Haití, Méjico, Pe- 
rú y Uruguay. 

Agencia Confidencial 
de la República de Venezuela ■ 
en la Gran Bretaña. 

Hotel Previtali. 
Arundell Street. 

Piccadilly Circus. 

Londres, julio 29 de 1893. 

Señor Ministro: 

Enviado por el Gobierno^de mi patria cerca del Gobier- 
no de S. M. Británica, con el carácter de Agente Confiden- 
cial, con plenos poderes, y con las credenciales de Envia- 
do Extraordinario y Ministro Plenipotenciario para el 
caso del restablecimiento de las relaciones diplomáticas 
entre los dos países, he recibido al propio tiempo encar- 



— 41 — 

go muy especial del Ministerio de Belaciones Exterio- 
res de Venezuela, de dirijirme á V. B. á los fines que 
paso á exponer. 

Comprometidos seriamente los intereses políticos, la 
integridad nacional y las condiciones mercantiles de Vene- 
zuela, así como los de todas las repúblicas hispano ameri- 
canas, por las injustas pretensiones de la Gran Bretaña 
en cuanto -á la posesión y dominio sobre territorios que 
Venezuela le disputa en la región de la Guayana, y que 
alcanzarían á extenderse sobre el Orinoco y sus afluentes, 
consideró necesario el Gobierno Venezolano euviar Agen- 
tes diplomáticos á todas las repúblicas del continente, 
solicitando los buenos oficios de sus respectivos Gobier- 
nos cerca del Gabinete británico, con el objeto de alcan- 
zar á imprimir en el ánimo de los hombres de Estado que 
dirigen la política externa del Foreigu Office, un cambio 
de propósitos en aquella cuestión, y en el sentido de 
llegar á un avenimiento cqu Venezuela por medio de un 
tratado sobre los límites fronterizos entre ambos países, 
teniendo a éste por base el sometimiento á un Arbitro 
juris, de los derechos territoriales de las dos uacioues, res- 
pecto de la una como heredera de España.y respecto de 
la otra como sucesora de los Países Bajos. 

Tiene entendido el que suscribe, que esa Legación, 
impuesta ya del asunto por su Gobierno, se encuentra en 
capacidad de dirijir sus gestiones amistosas al Gabinete 
británico; y como el que suscribe considera ya de impe- 
riosa necesidad hacer presente al Gobierno de S. M. 
Británica que los iutereses que. se debaten no son exclu- 
sivamente venezolanos, sino que en definitiva representan 
un derecho como un grave peligro para toda la América, 
suplica á V. E. que ponga en juego su intervención, has 
ta donde sea posible, en la trascendental materia. 

Los propósitos conciliadores del Gobierno de Vene- 
zuela fueron expuestos al Poreign Office, en las bases de 
un convenio preliminar, por el que suscribe, en 26 de 
mayo último. Esas bases constituyen el modus operandi 
para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, 
para el arreglo de límites, para un tratado comercial, 
para el pago de reclamaciones internacionales y otros 
puntos más, secundarios. 

El Foreign Office no ha querido tomar eu considera- 
ción varios de esos puntos, y contrayéndose únicamente á 
la cuestión límites, declara que no evacuará el Territorio 
que ocupó violentamente, considerando que el statu quo 
de 1850 debe ser nulo, puesto que no reconoce otro que el 
actual estado de cosas, y que si acepta el arbitramento, 
es únicamente restringido á límites que traza él á su vo- 



— 42 — 

luntad, y no como lo propone Venezuela: que se declare 
por el arbitro juris en vista de los títulos de las partes, 
cuáles son sus derechos, respecto de la una como heredera de 
España y respecto de la otra como sucesora de los Países 
Bajos. Esta proposición de Venezuela pone á la Gran 
Bretaña en capacidad de hacer valer rus títulos y de 
quedar en la libre posesión de lo que el laudo arbitral 
sentencié; pero no es así como lo pretende el Foreign 
Office, sino que una gran parte de los territorios que ha 
llegado á ocupar de manera ilegal é injusta sean reco 
nocidos en el Convenio, como de su pertenencia, y que 
así el arbitraje se reduzca á otros territorios que repre- 
sentan una extrema pretensión. 

El Gobierno de la República de Venezuela no puede 
admitir tal imposición; ni es ello digno, ni lo permiten 
sus instituciones, ni conviene como precedente para casos 
símiles. 

Cree el que suscribe que para llegar á un arreglo, sin 
mayores dificultades, basta qlie el Gobierno Británico 
ceda algo de sus pretensiones, esto es, que convenga en 
que el arbitramento se refiera al derecho territorial de 
cada uación en la Guayana, sin detrimento de ninguno 
de los títulos que se alegan por ambas partes al presente. 

Obtenido esto, todas las demás cuestiones pendientes 
serán fácilmente resueltas. 

Cuenta el suscrito con la benevolencia de V. E. para 
obtener una respuesta satisfactoria que poder comunicar 
á su Gobierno. 

Con las debidas consideraciones me suscribo de V. E. 
atento y obediente servidor, 

[FirmadoJ.— Tomás Michelena. 

A poco de obtenidas las respuestas de casi 
todas las Legaciones, conferenciamos largamen- 
te con los señores Ministros de Méjico, Haití, 
Colombia, Ecuador y Chile. 



Tan explícitas como terminantes fueron esas 
declaraciones hechas por el Ministerio de Rela- 
ciones Exteriores de la Gran Bretaña, tanto res- 
pecto á la cuestión arbitramento,-gwe no habría 
de comprender todo el territorio en di$puta,±eomo 
con relación á lo que considera su derecho á esos 
mismos territorios que detenta arbitrariamente, 



— 43 — 

que no dejaron campo al Agente de Venezuela 
para continuar solicitando ningún arreglo, pues- 
to que no se entraba siquiera á argumentar y 
se remitía la solución á lo 'que es imposible: á 
la fórmula extravagante que por conducto del 
Subsecretario Sanderson pasó Lord Salisbury al 
señor doctor Modesto Urbaneja, en 1890. 

Ratificáronse esas terminantes declaracio- 
nes en otra nota relacionada con un incidente, 
sobre el cual se expresa en su Exposición nues- 
tro Ministro de Relaciones Exteriores, de la ma- 
nera siguiente: 

"Sabedor mientras ta uto el Poder Ejecutivo de que 
por las autoridades de Demorara se expedían nuevos De- 
cretos, visiblemente dirigidos á consolidar la jurisdicción 
británica eii la parte detentada de nuestro territorio, he- 
chos éstos que, para mayor gravedad, coincidieron en 
cierto modo cou el comienzo de las negociaciones á que- 
vengo refiriéudome, ordenóse al punto al señor Michele- 
na llamar- respecto de ellos la atención del Conde de 
Kiosebery y aún significarle la pena con que se veía la con 
ducta de los Poderes Coloniales, tan discordante con el 
espirita de conciliación que animaba á Venezuela. El 
Secretario de Estado no vio en los actos que se le denuncia 
ron sino medidas de carácter meramente administrativo, en 
su sentir nada contrarias á los derechos de la Repiíblica. 
Tal contestación dio motivo á una protesta del Agente 
Venezolano. 

Léase con atención las comunicaciones cru- 
zadas, á que se alude, que son las que siguen: 

Hotel de Bade 
32 — Bctilevard des Italiens. 

París, agosto 26 de 1893. 
Señor Conde: 

El señor Ministro de Relaciones Exteriores de Vene- 
zuela, me dice en comunicación fechada en Caracas el 4 
del corriente mes, lo que á continuación copio: 

" En periódicos de las Colonias Inglesas, señalada- 
mente de la Isla de Trinidad, se habla en estos últimos 
d;as, de nuevos actos jurisdiccionales de las autoridades 
de Demorara sobre los territorios de la Guayana que 



— 44 — 

Venezuela considera comprendidos deutro de sus límites. 

"Esto sucede en momentos en que la República, obe- 
diente á sus propios deseos de zanjar, conforme á las leyes 
del decoro internacional, las dificultadas que la mantienen 
separada de la Grau Bretaña, envía á Londres un Agen- 
te que pacte con el Foreign Office, la manera de llegar á 
la instauración de relaciones políticas entre los dos Go- 
biernos. De aquí que el Poder Ejecutivo se halla entera- 
do con sorpresa de las referencias contenidas en algunos 
órganos de la prensa colonial, y juzgue conveniente que 
usted llame la atención del Secretario de Estado de S. M. B. 
respecto de aquellos hechos. " 

"ThePort of Spain Gazzette, " del 25 de julio, después 
de hablar de las excelentes condiciones del llamado hoy 
por los ingleses " Distrito del Noroeste, " que se extien 
de hasta la Boca del Orinoco y cuya propiedad defiende 
Veuezueia con argumentos de derecho, desde la época de 
Lord Aberdeeu. auuncia vastos propósitos de explota- 
ción eu dicho territorio, mediante el concurso de capita- 
les y de compañías procedentes de la Colonia. — Dícese allí 
mismo que bajo la direccióu del doctor Chittenden, Se- 
cretario de la Junta de Agricultura de Trinidad, se alistó 
hace poco una balandra con el objeto de conducir vein- 
tinueve expedicionarios al alto Bariraa, y activar los tra- 
bajos de la Compañía " Dipou." 

Actos de esta naturaleza, contrarios de todo en todo al 
buen curso de las negociaciones iniciadas, no pueden 
ni deben pasar inadvertidos; y así es de notoria necesi- 
dad que el Gobierno de la Gran Bretaña conozca el 
sentimiento con que observa el Poder Ejecutivo de Vene- 
zuela, la tendencia de la Coiouia de Demeiara á dificul- 
tar, con procedimientos de hecho, el' buen acuerdo que 
se solicita para el arreglo de la cuestión pendiente. 

Soy de usted muy atento servidor, 
[Firmado] 

P. E. Rojas." 

Lo que tengo la honra de trascribirá Su Excelencia, 
para los fines que expresa la comunicación preiuserta. 

Con sentimientos de muy distinguida consideración, 
me repito, señor ("onde, de Su Excelencia, 

muy atento seguro servidor, 
_ [Firmado] 

Tomás Michelena. 

A Su Excelencia Conde de Rosebery, Primer Secretario eu el Despa- 
cho de Relaciones Exteriores de S. M. B. 

Londres. 



45 



La respuesta, dada por el Eoreign Office, no 
deja duda alguna sobre sus determinaciones res- 
pecto al vastísimo territorio que usurpó en los 
años de 1884 yl885,pues declara que sonde per- 
tenencia de la Colonia de Demorara. Dice así: 



Setiembre 22 de 1893. 



Ministerio 

de 

Relaciones Exteriores. 

Señor: 

Con referencia á la nota de usted del 2 del presente, 
tengo el honor de informar á usted que ¡el Gobierno de 
su Majestad ha prestado cuidadosa atención á la re- 
presentación contenida en su nota del 26 último, concre- 
tada á elevar queja de actos ejecutados por parte de 
las autoridades de la Guayana Británica, que son conside- 
rados por el Ministro de Relaciones Exteriores de Vene- 
zuela en contravención á los derechos de Venezuela. 

El Gobierno de su Majestad esta deseoso de demos- 
trar verdadero respeto por los derechos reconocidos de 
Venezuela, más los actos de jurisdicción á que usted se 
refiere en su nota, no aparecen al Gobierno de su Majestad 
como que constituyen una infracción ó intrusión de esos 
derechos. 

Tales actos son de hecho no más que parte Ae la ad- 
ministración de un territorio que el Gobierno de su Majes- 
tad considera indiscutiblemente como parte integrante 
del territorio de la Ouayana Británica, y como ha creído de 
su deber manifestarlo más de una vez-, no puede admitir re- 
clamo alguno de parte de Venezuela. 

Tengo el honor de ser, señor, su más obediente y 
humilde servidor, 

Rosebery. 

Señor Tomás Michelena.— &, &, &. 

Gomo se vé el motivo de la protesta fué el 
párrafo siguiente : 

"Tales actos son de hecho no más que parte 
de la administración de un territorio que el Go- 
bierno de Su Majestad considera indiscutible- 
mente como parte integrante del territorio de 
la Ouayana Británica, y como ha creído de su 
deber manifestarlo más de una ves, no puede ad- 
mitir reclamo alguno de parte de Venezuela." 



— 46 — 

Dadas ambas contestaciones: la primera, en 
que desdeñando todo propósito conciliador y 
rompiendo de pronto, en el primer paso, la ini- 
ciada negociación al retrotraer la cuestión á las 
extravagantes proposiciones de Lord Salisbury en 
1890; y en seguida esta última declaración res- 
pecto al derecho de jurisdicción de la Colonia 
de Demerara sobre los territorios detentados 
arbitrariamente, no consideramos digno de Ve- 
nezuela continuar gestionando ilusoriamente; y 
no consideramos tampoco propio del carácter de 
un representante de la República guardar silen- 
cio. En consecuencia contestamos con la pro- 
testa que sigue: 

Agencia Confidencial 

de Venezuela 
en la Gran Bretaña. 

Hotel de Bade 
32 — Boulevard des Italiens. 
París, octubre 6 de 1893. 
Señor; 

Tengo la honra de acusar á S. E. recibo de su nota 
de 22 de setiembre último, informándome que, habieudo 
tomado en consideración el G-obierno de Su Majestad Bri 
tánica las representaciones contenidas en mi nota del 26 
de agosto último, expresando la queja del Gobierno de 
Venezuela por ciertos hechos ejecutados por las autorida- 
des de la Guayaua Británica, en contravención de los de- 
rechos territoriales de la República, no considera el Go- 
bierno de Su Majestad, que esos hechos referidos en mi 
nota, constituyan violación alguna de aquellos derechos, 
pues en realidad, añade S. E. no vienen á ser sino parte 
déla necesaria administración de un territorio que el Go- 
bierno deS. Majestad considera incuestionablemente como 
una porción de la Colonia de la Guayana Británica, y 
sobre el cual, como ha sido su deber declararlo más de 
una vez, no puede admitir reclamo alguno de parte de 
Venezuela. 

Daré cuenta á mi Gobierno de la nota de S. E. que 
sin duda habrá de producir un vivo sentimiento de pena, 
toda vejí que el Gobierno de S. M. desconoce los legíti- 
mos derechos que asisten á Venezuela para oponerse á 
«iertos actos de las autoridades de la Colonia de la Gua- 



— 47 — 

yana Británica, sobre un territorio qae Venezuela consi- 
dera esclusivamente suyo, ha poseído coa entera quietud, 
y es solamente de algunos años á esta parte que la Colo- 
nia Británica ha invadido con actos jurisdiccionales que 
han dado ocasión repetidas veces á protestas enérgicas 
del Gobierno de la República. 

En vano considerará el Gobierno de S. Majestad, co- 
mo incuestionable porción de la Colonia de la Guayana 
Británica, ese territorio, cuando en contra de esta decla- 
ratoria, se levanta, como testimonio irrefutable, de que 
la opinión universal tieue pleno conocimiento, la histo- 
ria de esta cuestión de límites, desde hace cincuenta años. 
Ella prueba, hasta la evidencia, la cuestionabilidad de 
los pretendidos derechos de la Colonia de la Guayaua 
Británica, y no ha de bastar, ante el supremo tribunal 
de la opinión pública, una sola plumada del Gobierno 
de Su Majestad, para borrar el veredicto que condena 
los actos de la fuerza, como indebidos ó inhábiles para 
la justificación de ningún derecho. 

Cumplo con el más estricto deber, al elevar de nuevo, 
en nombre del Gobierno de Venezuela, la protesta más 
solemne contra los procederes de la Colonia de la Guaya- 
na Británica, que constituyen una invasión del territorio 
de la Bepública, y contra la declaratoria que contiene la 
nota de S. E. de que el Gobierno de S. M. considera esa 
parte del territorio, como componente de la Guayana Bri- 
tánica, y no admite sobre él reclamo alguno de Venezuela. 
Reproduzco en apoyo de esta protesta toda la argumen 
tación contenida en mi nota á S. E. de 29 de setiembre 
último y la qae ha hecho valer el Gobierno de Vene- 
nezuela, en las diversas ocasiones en que ha levantado 
esta misma protesta. 

Terminaré declinando sobre el Gobierno de S. M. Bri- 
tánica toda la responsabilidad de los hechos que puedan 
ocasionar en el porvenir, la necesidad en que se coloca á 
Venezuela de oponerse por cuantos medios le sean dable 
al despojo de una parte de su territorio, ya que, desechán- 
dose su justa solicitud de poner término á esta violenta 
situación, ocurriendo á un juicio de arbitros, se desconocen 
todos sus derechos, y se le sitúa en el penoso pero forzado 
deber de proveer á su legítima defensa. 

Tengo la honra de repetirme de S. E. su mas obe- 
diente y humilde servidor, 

TOMAS MlCHELENA. 

Al Señor Conde Rosebery, Primer Secretario de Estado en el Mi- 
nisterio de Relaciones Exteriores de Su Majestad Británica, 

«fe, «fe, «fe. 



— 48 — 

El Eoreign Office acusó recibo en los tér- 
minos siguientes: 

Ministerio 

de 

Relaciones Exteriores. 

12 de octubre de 1893. 
Señor: 

Tengo el honor de acusar recibo de su nota del 6 def 
presente, referente á la queja que el Gobierno de Vene 
zuela ha levantado contra las autoridades de la Guaya- 
ría Británica. 

Soy de usted, señor, su muy obediente y humilde 
servidor, 

Eosebery. 

Señor Tomás Michelena, &, &, &. . 

Es esta la ocasión de copiar unas frases pu- 
blicadas por el incalificable Andueza Palacio, al 
considerar cual una afrenta para la nación nues- 
tro nombramiento. IMjo así en una de sus lxo- 
jitas: 

"Cómo! Eí Gobierno ha procedido sinceramente al 
enviar á Michelena á Inglaterra? Loque creíamos una 
fórmula hábil para descartarse de ese periodista destornillado, 
va á tomar las proporciones de una. vergüenza nacio- 
nal ? La farsa se "convierte en drama y decididamente 
las muecas de Crespo son trágicas. " 

¡ Conque una vergüenza nacional ! Po- 
bre desahogo [*] 

~No debemos terminar sin dejar de tocar 
otro punto que ha servido de tema á los deni- 
grantes de oficio, á los que sin más derecho que 
el incasto de rebajar sólidas reputaciones pa- 

f*J Mas curioso es aún otro desahogo que aparece en 
El Debate, de Luis F. Ponce, sucesor de El Combate, hoja 
número 6 del 26 del pasado, que á vuelta de cargos al go- 
bierno, y ya publicado El Libro Amarillo, é insertados» 



— 49 — 

ni procurar llevarlas al nivel pútrido donde ellos 
se bflbuentráh, formulan y lanzan á la publi- 
cidad falsos supuestos. Han dicho que el Go- 
bierno nos entregó una muy grue-ui cantidad de 
dinero para el desempeño de la misión á Ingla- 
terra. Eáoil es para muchos dar ascenso á seme- 
jante cosn, porque es notorio que á la mayor 
parte de 1 *.s Legaciones que Ira enviado Vene- 
zuela á Europa se les ha acordado favores de 
consideración, erogándose sumas crecidas del 
tesoro; pero bastará que se acuda á la fuente: 
[los dos Ministerios respectivos] para que se vea 
quede los Bs. 60,000 de sueldo anual no recibi- 
mos sino nueve meses, fuera del viático legal. 

Habiendo sido en tres años de laborioso 
trabajo periodístico, y en lucha formidable, el 
ariete mas poderoso de la útil propaganda, nos 
cabe la satisfacción de haber llenado en todo y 
por todo nuestros deberes, sin apartarnos un ápi- 
ce de nuestras doctrinas, sin aspirar á la grati- 
tud, siempre negativa, y sin procurar ni recibir 
remuneraciones insólitas. 

Autorizados por nota oficial para perma- 
necer mas tiempo en Europa, le hemos econo- 
mizado gastos al Erario, regresando cuando con- 



en El Tiempo los documentos de la misión á Inglaterra, 
dijo así : 

"El señor Tomás Michelena fué enviado á Londres á 
tratar esta delicada cuestión, y después de toda la ala- 
raca que formó aquí, para embaucar á los tontos, y 
de todas las fantochadas que hizo por allá para poner 
nos en ridículo, se preseutó como el cómico novel, diciendo: 
"Aquí están las velas que mandó papá." 

¡ Hay veracidad y también gracia ! 

La .ALHARACA para embaucar tontos parece ser la obra 
de El Radical, y lo de las fantochadas y el ridículo, están ex- 
puestos en los documentos que se han leído en este folleto. 

¡Juzgúese del criterio de estos pseudo periodistas! 



— 50 — 

sideramos que nuestro deber publico se había 
llenado. 

Aunque el país nos conoce suficientemente, 
le debíamos este relato. 

Caracas: abril de 1894. 







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